martes, 19 de julio de 2022

Naamáh

“Si un hombre duerme solo, entonces aparece Naamáh para hacerlo su víctima”, reza un viejo manual de demonología hebreo. Su naturaleza espiritual hace de su belleza una de tal incandescencia que, es capaz de invadir los sueños viriles y humedecerlos, aún cuando la noche fuera muy fría. Naamáh fue pareja de Adán y… hermana de fluidos de Eva y de Lilith. Con ésta última, se hicieron hasta comadres…

Naamáh, aparece en el Génesis. Se le anuncia como hija de Lamec y hermana de Tubalcain. Si atiendes la línea genealógica, es trastataranieta de Caín, del que, ya sabemos, es hijo de Adán. En la travesía legendaria, -de escritura tardía- se hace saber que una tal Naamáh (probablemente homónima de la ya mencionada hija de Lamec) tuvo su cuchi-cuchi con Adán, pero no se explica las razones por las que terminó en las arenas del Mar Rojo. En el peor de los casos, pareciera que estos predios estaban dedicados para la estadía de los espíritus díscolos, de aquellos rebeldes, que habían hecho de la complacencia carnal, una forma vital de ser.

Si me dan razones para exponer mi posición me decanto por aquella otra versión en la que se da cuenta de las breves discusiones del Altísimo con sus lugartenientes. Dios estaba gravemente ensimismado, complacido gratamente con la creación de Adán y, bueno, también con la de Eva. En realidad, después de tres intentos de darle forma a la compañera del primer varón, ésta salió mejor que el molde. El asunto vino después: la humanidad se descarriló y el autor de la creación se vio obligado a buscar la forma de refundarla. Allí vinieron los reclamos de los seres espirituales: "¿A cuento de que tanta preocupación por el hombre?" le exigieron un par de alados, Semhazai y Azazel, según una leyenda. Y el reproche terminó con un “Te dijimos. La pretensión de ordenar el caos y de generar vida semejante, era una idea nefasta”. Con el afán de salvar la querella, el hacedor del mundo refutó: “Los seres terrenales tienen una natural inclinación al mal”. Los ángeles simplemente se ofrecieron para descender a la terrenalidad adánica para mostrar que la inclinación al mal era solo una justificación impropia.

Los alígeros perdieron sus extensiones y adquirieron realidad material. Las cosas eran distintas viéndolas de tan cerca: la naturaleza primigenia, la inocencia de los hombres, la beldad de las herederas de Eva... La tal Naamáh encandiló con su gracia a Azazel, mientras que su compañero Semhazai andaba echándole maicitos a Isthar, una virgen del oriente… Los chismógrafos no se ponen de acuerdo, pero, pero, pero… es altamente probable que, en medio de sus sesiones amatorias la buenamoza de Naamáh haya logrado que el corporeizado Azazel le revelara los secretos de la incorporeidad y, que efectivamente, pudiera –desde su manipulación- alcanzar el estado súcubo que ahora se le atribuye. Con ocasión de tal revelación, el tal Azazel sufre la condena perpetua de la posición invertida –cabezaabajo- colgado en algún cañón de la geografía terráquea. Ella, en cambio, en contubernio con Lilith (ya les contaré luego de sus amoríos con Semhazai), se fueron a habitar el Mar Rojo y, desde ese espacio decidieron venganza contra la humanidad por la traición sufrida desde la complacencia divina: la habitación con seres inmateriales.

La venganza, como ya lo he señalado en otras letras, se substancia en cuaderno separado: la muerte de los neonatos, de por lo menos, hasta los 8 o los 20 días de nacidos, dependiendo de su sexualidad; salvo que las madres tuvieran la precaución de imponer en la muñeca del recién nacido un pendiente con el nombre de los ángeles Senoy, Sansenoy y Semangelof. Dicen que, la tal Naamáh es la causa de la epilepsia infantil.

Si me lo preguntan, creo que, aunque calificada por la leyenda de súcubo, la maldad no le llega a tanto: de hecho, ella es madre de varios seres del inframundo. Si su nombre significa “complacencia”, "encantamiento", le bastaría con la posesión nocturna de los viriles; le sería suficiente su canto para llenar las tabernas de los hombres para tener asegurada su cosecha… Los que más saben, le atribuyen la maternidad de Asmodeo, el demonio de la lujuria, ese que al que Tobías -el personaje de la biblia- se enfrentó para liberar a Sara -la hija de Raquel- de la maldición de la muerte de sus maridos… pero ésta es, también, otra historia.

Para concluir, anotarles que, en la antigüedad del mundo, Naamáh era una de las diosas cuyo patronazgo suponía la protección de la prostitución sagrada; en el medioevo gótico, las esculturas de una mujer en torso desnudo muy cerca de una taberna exponían el servicio comprado de la sexualidad femenina y, a nuestros días es… una historia de la que no tenemos certezas.

¿Quieres saber la historia de Lilith? Ve Origenes


sábado, 16 de julio de 2022

Conversa

“Hablar de una mujer es siempre oneroso”, resaltó el viejo. Y con un suspiro del pecho profundo, concluyó: “Calla, y vive”. Dejó una risita sarcástica en el aire y se corrigió a sí mismo: “Calla, sufre y vive”. La mula en la que andaba, bufó de mala gana, para hacer saber su cansancio, quizá del camino; o, a lo mejor, de lo aburrida de la historia. Miraron, los dos arrieros, en la distancia la cercanía del agua, y se ofrecieron hacer un alto y dar descanso a sus jumentos y a ellos mismos… al fin, ya casi era el medio día y, el sol arreciaba fuerte.

Volvieron a recrear la historia que llevaban entre manos: la del Rumualdo, hombre facineroso, qué en su afán de doblegar la voluntad de la Juana, le metió un balazo entre el pecho. Uno intentó continuar la conversa: “…Éste se pasó de vueltas. No sólo no logró su cometido, sino que además se puso en la mira de la justicia, por ese hecho y otros anteriores… de sus días de soldado en el cuartel de El Alto, de sus veces de pescador por el sur… Está pedido”. El otro remató la idea: “Y todo por un amor”. Un breve silencio permitió que los hombres pusieran atención al susurro del viento por entre las ramas que les ofrecían sombra, mientras en el otro lado sus “aperos” sesteaban. El más viejo, en un arranque de esos donde el corazón expone sus razones más intensas, quiso negar la idea: “El amor, no. El hombre. No le puedes achacar las cosas malas al amor… El hombre… o la mujer, puede ser malos o buenos, por las cosas que deciden y que hacen, pero el amor no. El amor es, siempre, el amor”. Su acompañante –más joven-, mientras tiraba piedritas a modo de jugueteo, allí donde se encontraba sentado, ofreció una nueva expresión: “pero si el Rumualdo no se hubiera encaprichado y si ella, no se hubiera negado, otra historia estaríamos contando… quizá hablando de sus hijos, de su ganado. Ahora él anda huido y, ella vista como la mala de la historia”.

El viento entre las ramas de los arboles generaban un rumor, un ruido que –ahora- llamaba la atención. Incluso de sus mismos inquilinos… los chilalos y las soñas revoloteaban asustados. Las algarrobas maduras caían con ocasión del viento y hasta las avispas de un panal común se inquietaron. De hecho, parte de la “tripa de burro” hecha de barro -y que habían logrado como su casa común- se cayó. El avispero en el suelo, obligó a los hombres a alejarse por breve término, para evitar las picaduras de los insectos.  Rieron de la necesidad de huir de las posibles picaduras. Parte del fiambre fue a dar por la tierra. Apenas se libró un pedazo de queso y un trozo de maduro que se mantenían en sus viandas.  Rieron, hasta por el hecho de que se quedarían con hambre. Aseguraron el nuevo lugar donde estar y, volvieron a acomodar sus posaderas. Las botellas de refrescos, se acomodaron entre sus piernas.

El más joven preguntó - ¿Por qué caen las algarrobas? Y, el mayor contestó con una pregunta que llevaba escondida una injuria: "¿Qué pregunta es esa? Caen porque tienen que caer, porque el viento las hace caer. ¿o no? Preguntas tonterías".  Miraron alrededor. Y, el de la pregunta se contestó a sí mismo y utilizando lo dicho: “Si fuera que caen porque tiene que caer, entonces todas caerían; si fuera que caen por el viento, entonces en el suelo distinguiríamos verdes y amarillas. Solo hay amarillas. Entonces, caen las que están listas para caer. ¿Te parece?” El mayor miraba hacia su alrededor haciendo gestos con la cabeza con los que anunciaba que pensaba en la respuesta, para finalmente decir “Si. Tienes razón”.

Regresaron al tema de la conversación: ¿Y no será que eso mismo ocurren las vidas de las gentes? ¿Qué las cosas ocurren porque todo empuja a que sean de una determinada forma? Acaso ¿si Tomás no hubiera estado la noche en el que le dispararon a Juana ella hubiera muerto? ¿Y si Felipe no hubiera llegado por esos días de velaciones para cortejar a Juana, Rumualdo no se hubiera obligado a usar un arma cuando sus palabras pudieron conseguir mejor resultado? ¿Por qué no murió Juana si el disparo fue en el pecho? ¿Será que Felipe era más culpable de lo que se cree por el solo hecho de haberle generado precipitación a Romualdo?

“¿Cómo será? ¿no? Fue la contestación a tantas preguntas. “El azar, el destino, la casualidad puede que no existan, que nadie las haya visto andando, pero que influyen en la vida de los hombres, no hay vuelta que darle; pero son estos los que con sus acciones le ofrecen forma a su propia historia: nadie obligó a Romualdo a robar el cargamento de municiones en el servicio militar, nadie le obligó a elegir a la Juana como pretexto de sus amores, menos a que anduviera con arma bajo el cinto. Esas han sido sus decisiones. Ahora pues que, asuma sus responsabilidades”.

Ambos revisaron sus servicios, los acomodaron, primero en sus talegas de tela y, luego el lado izquierdo y posterior de sus alforjas. Sin decirse nada, se levantaron, revisaron los aperos de sus jumentos, montaron en ellos; miraron “la altura” del sol, y tomaron el caminito que los había llevado hasta allí. Unas expresiones finales del mayor pusieron fin a la conversa: “No te puedo responder a todas las preguntas, pero lo que sí sé es que a nadie se le dispara en desventaja. Menos a una mujer; contimás, si dices que estás enamorado. No eres dueño de tu vida, menos de la vida de la mujer que dices que amas… por eso vuelvo al comienzo: hablar de una mujer es siempre caro, dispararle, más caro todavía”. 

"Arrea, que falta harto camino" fue la expresión final y que invitó a los andantes a acomodarse en sus aperos para pestañear un rato.

Nota: si quieres conocer la historia de Juana y de Romualdo, revisa: Bala. La misma historia, pero desde la otra perspectiva: Destino

 


miércoles, 13 de julio de 2022

Anu

"Anu habita el cielo y se sienta en su trono, vestido de majestad y poder. Le acompaña el cetro, el baston y la corona como manifestación de soberanía. Camina entre los dioses y estos le obedecen". Reza así un viejo oráculo venido a mi desde la antigüedad. Esta vieja deidad se manifiesta oniricamente y me revela sus secretos.

"Antes que todos era yo; y mis padres, me donaron su poder". Sonrío con él y las luminarias del cielo se inquietan. "Anu es el dios del cielo", replican.
Alala, desde muy atrás, como voz atenuada, solo y casi sin querer, anuncia: "y un día fuiste mi copero, como yo lo fui de Ansar y éste de Luhmu y así hasta llegar a Dür". El tiempo no es eterno, pero Anu, ahora, preside la asamblea de sus iguales; de los que fueron antes y de los que serán en tanto el tiempo sea.
Nigursat -Ki, la tierra- se sienta a su lado y comparte su trono. Está embarazada. Guarda en sus entrañas al poderoso señor del aire, invisible pero potente como las tormentas; no obstante, tenue como la brisa... Transparente que deja que Anu con la lluvia fecunde a la tierra cada verano... Un dia, este presidirá la asamblea de los dioses, un día Anu no será.

Vienes a mis sueños y haces tronar tu voz. Todos te oyen reverentes. Ki, en otro tiempo será Antu y en otras geografías la llamarán Nammu. Los hombres te venerán y doblan sus rodillas. Yo, contempló tu poder y, aunque ahora inflas el pecho, sabes que prontamente Enlil te suplirá en las tareas. Los reyes de la tierra reconocen tu deidad y, te acompañan con lo mejor de sus ofrendas: simulan que sus tronos son reflejos del tuyo, y que sus gobiernos son tan justos como tus relaciones con tus iguales. Ahora, acompañado de poder y majestad, te sientas en el trono del cielo. 

Ummmhhh... No sé porque, pero esto me sabe, me huele, suena a aquello que se cuenta en el salmo 82. No hay nada nuevo bajo el sol... Y recuerda eres hijo de Tiamat. Ella fue primero.


jueves, 2 de junio de 2022

Seraphim

"El que arde" acercó sus alas al oído de Moisés e insufló las medidas, insumos y formas para la construcción del altar, los protocolos ceremoniales y hasta el modo como había de recibirse las ofrendas de los fieles. Los ojos de aquel ser, sin embargo no habían perdido de vista ninguna esquina de los cuatro espacios cardinales, parecía tenerlos por todos lados, en varios pares, por entre sus  cuatro parejas de apendículos alígeros.

Esta hecho, al parecer, de fuego celestial, de una flama etérea. Era como fuego pero su cercanía no motiva daño alguno... Ni tan siquiera algún tipo de molestia... Parecía tener forma de hombre, pero no presentaba sexo. Sus extensiones inferiores y la cabeza solo podían deducirse porque en cada una de estas partes un par de alas las cubrían, con recelo, con cuidado... Un tercer y cuarto par de alas que salian de entre las costillas y del torso posterior le permitían movimiento. Era tan... ¿Cómo explicarlo? Silente, sinuoso, tenue, ligero, que de cerrar los ojos, ni siquiera necesitabas de los sentidos para sentir su presencia. De hecho daba la impresión de haber más de "ardiente" en medio de ese espacio en que se dictaban las instruciones... Parecían moverse en círculos y, sin embargo, el modo de instruir las cosas que mandaban a hacer, mantenía unidad, como si proveniesen de una misma voluntad.... El oído interior podía captar con nitidez voces en forma de eco que decían: "Kadosh, Kadosh, Kadosh Adonai Elohim". Eran, a la vez, las voces corales que ensalzan a Elohim y las que ofrecían instruciones... Cómo que una misma boca emitía dos mensajes y ambos eran distinguibles.

Era como estar en el cielo, pero tan solo era una montaña, la cueva descubierta en lo más alto del monte más encumbrado de esa desierta geografía. Moisés estaba atrapado en esa voragine de expresiones y pudo tambien preguntar, aunque sin pronunciar palabra alguna: ¿Quién construirá el tabernáculo? ¿Cómo será el Mishkán? La voz del Ardiente -o de los Ardientes- dejó de oírse solo para permitir que el coro se escuchará con nitidez: "Kadosh, Kadosh, Kadosh. El Santo ya tiene su elegido". En ese momento, la figura de otro hombre apareció. Se presentó como si una voz lo hubiera conducido: su nombre era Bezalel, hijo de Urí, un artesano del pueblo. La criatura celeste lo cubrió con un par de sus alas y, el cuerpo de aquel se temblaba todo, mientras que un libro era leído por otro viviente. Era el "Libro de Raziel" ese que guardaba los secretos de Elohim... El hombre sintió, luego de ese abrazo que, la gloria de Elohim estaba en él, el ruah Elohim le había poseido, aún sin su permiso. Sentía como que flotaba en el aire, sentia en su interior que él también participaba con sus propias alas.

Los serafines, sin dejar dejar de corear, la jaculatoria a favor de Elohim, "Kadosh, Kadosh, Kadosh", se desvanecieron en la noche. Una tarea nueva, anotada en el Libro de Raziel les había sido ordenadas al viejo Moisés, pero también a un desconocido artesano de nombre Bezalel. Elohim, ante los reproches del conductor de su pueblo, solo dejó sentir un susurro que tenía color de suave reproche: "Confía en Bezalel, lo he llenado de sabiduría y conocimiento. La suficiente para atender las instrucciones que vienen de los tiempos primordiales, para replicar los modelos del cielo".

Dicen los más leídos, que los serafines son las divinidades más importantes -despues de Elohim- entre las que -los más avezados- reconocen a Metatrón. También se menciona a un tal Elemiah, a otro que dice llamarse Mahasiah, y un tercero que responde al sonido de Lehahel.  Otros leídos, en número mayor, se limitan a decir que "nadie conoce ninguno de los nombres de ningún seraphim". 

Los serafines, los que están hechos de fuego, mantienen, todavía, sus voces en el dulce halago: "Kadosh, Kadosh, Kadosh Adonai Elohim".

martes, 31 de mayo de 2022

Raziel

Se sintió desnudo y se dio cuenta que el Edén era apenas un pequeño parque de diversiones, pero a pesar de, era también consciente de su ignorancia. En medio de su extravío, Raziel, el ofanim, se le acercó y muy silencioso al oído, le susurró: "Espera. Ten paciencia". Adán volvió el rostro y reconoció a quien le hablaba, temió por vida e intento correr, pero el viviente le guiño los ojos, y con una mano le hizo un gesto de tranquilidad.

No había vuelta atrás. Las puertas estaban cerradas y había varios seres con apariencia grotesca: patas de buey, cuerpo de león, alas de águila y cabeza de hombre, que se habían posado imperturbables en la entrada del camino hacia la terraza principal del jardín, junto a éste, una espada flamigera, semejante a la Mikael, el comandante de los ejércitos de Elohim... Le dio miedo, e intento alejarse, temeroso... Los querubines podían ser muy intimidades.

Sin embargo, aquel otro viviente lucía una forma humana aunque deforme: mostraba cuatro caras, que apuntaban a los puntos cardinales: humana, león, toro y aguila, sus pies eran pezuñas y presentaba extremidades superiores que correspondía a cada una de las caras, que a su vez tenía un ala por lado y que permitía cubrir sus extremidades y, aunque terrible en su forma, sus maneras fueron compasivas. La señal de espera era para esconderlos -a él y a su acompañante- de las deidades justicieras. Y mientras los agazapaba, le entregó un libro escondido entre hojas vegetales, a la vez que le recomendaba: "En tus días de obscuridad, deja que te ilumine". Era Raziel, el ophanim, un ángel de los que por su cercanía a Elohim, se les denomina "tronos".

Raziel conocía todos los secretos de Él. Lo había escuchado desde siempre y, sabía en consecuencia, lo concerniente a los arcanos y misterios de los días primordiales... La lucha de las divinidades por establecer sus propios órdenes, la forma como es que las vencidas fueron desterradas a los desiertos, encadenadas en las sendas de los ríos y abandonadas en las profundidades marinas. Sabía más: De que estaba hecho el mundo, las esferas que lo conforman y hasta el detalle de las escalas del cielo, cómo llegar a ellas y cómo superar los obstáculos en cada nivel. Dicen que, aprovechando el desorden del escape y huida, le dictó todos esos secretos; otros sostienen que el libro ya está escrito. Yo creo lo segundo.

Allí, en el libro de Raziel, por ejemplo se cuenta el detalle de cómo el golpeteo de las piedras de la Obscuridad y del Valle Tenebroso, dieron espacio a la luz, por eso es que quizá se haga referencia a la iluminación del libro. Noe tuvo el libro en sus manos y desde sus indicaciones fue capaz de construir el arca. En las noches lo ponía en medio de gran salón para que -una vez abierto- desplazará a la obscuridad nocturna. Fue una guía material para los hombres en un tiempo en el que todo, la naturaleza y sus divinidades, les eran indóciles. Era, en realidad, un guía de cognocencias y, Elohim permitió su entrega a su más preciada creación: la humanidad. A pesar de su desobediencia, su autor le tenía preferencia.

Deidades envidiosas robaron el libro y lo escondieron en las profundidades marinas, pero en aquella vez, en que Elohim luchó contra Rahab en el mar rojo, luego de vencerla le perdonó la vida a cambio de que devolviera el libro. El último humano en tenerlo, o cuando menos, del que se tiene noticia fue Salomón. ¿Acaso no has escuchado que éste fue una conjurador de demonios y que estos le obedecía cual perritos falderos? Pero... Esa es otra historia.

La última: algunos mal hablados dicen que el libro de Raziel se encuentra escondido en algún muy ignoto lugar de la sede petrina. Dicen.... No me consta. Soy consciente de mi propia ignorancia.

jueves, 26 de mayo de 2022

Leviatán

En el Libro de Enoc, se tiene una muy gráfica descripción de un suceso que aún no es: "Y en ese día se separarán dos monstruos, una hembra llamada Leviatán, que mora en el abismo sobre donde manan las aguas, y un macho llamado Behemot, y ocupa con sus pechos un desierto inmenso llamado Dandain". En esos espacios fueron desterrados desde los días primordiales.

No hay nada explícito en el Génesis, pero escudriñando otras historias hebreas se puede descubrir que aún antes que tierra alcanzará su forma actual, todo era abismo, agua, caos. Elohim se encargó de separar las aguas del cielo de las de la tierra; las aguas dulces fueron apartadas de las marinas y las superficiales se diferenciaron de las subterráneas. Las superficiales se arrinconaron hacia un lado para dar posibilidad a la tierra firme. El agua fue violentada por la mano de Elohim y el espíritu que la protegía fue refundido en las profundidades.

El Leviatán, forma terrorífica del espíritu del mar yace en el mismo; escondido, acongojado, subyugado por la mano de Elohim; sin embargo se reconoce su fiereza: "Con sus estornudos enciende lumbre, sus ojos son como los párpados del alba. De su boca salen hachones de fuego; centellas de fuego proceden. De sus narices sale humo, como de una olla o caldero que hierve. Su aliento enciende los carbones, y de su boca salen llamas".

Si tan fiero es ¿No será que la historia de Jonás es otra peleita más de Yaveh y las divinidades marinas? El primero se ufana de tenerlas como mascotas; más, reconoce -al menos de Levitan- que es cruel, levantisco, feroz. ¿Que hacía Yaveh en los dominios de Leviatán? 

Jonas huía de las exigencia del dueño del mundo: se le había ordenado ir a Nínive pero aquel había preferido tomar el camino opuesto y eso encendió la alarmas del mandante, que al encontrarlo en un barco armó alboroto. ¿No será que la ballena es el gran Leviatán que libró al profeta de una muerte segura en medio de la tempestad mostrada por el dictador Yaveh?

En realidad, no tiene caso que la solución a la tempestad (que provoca tantos problemas a la embarcación) haya sido lanzar al desobediente al mar. ¿O cual sería el objeto de lanzarlo? De hecho de que es altamente probable que muriera ahogado en alta mar, asunto que fue evitado por el espíritu marino que prefirió guardárselo en su seno para luego dejarlo en una geografía segura. O quizá no fue una pelea, sino que efectivamente Leviatán es la mascota de Yavé y se vio forzado a cumplir sus órdenes.

Sea como fuere, Leviatán está allí, en las profundidades marinas, se anuncia como el juguete de Dios y que ya tiene escrito su destino: morirá a filo de espada en los tiempos del juicio final. Así queda escrito en el texto de Enoc y se repite en el libro de Job. Sin perjuicio, no podemos omitir que hay quienes lo han demonizado y lo ponen al mismo nivel de Belzebú o de Lucifer... Pero esa ya es otra historia.

Descansamos, por ahora de mitologias, pero me asalta una pregunta: ¿Será que nuestros oceanos esconden divinidades antiguas? Yo me quedo con Tiamat

miércoles, 25 de mayo de 2022

Rahab

El mundo está lleno de divinidades. Los hebreos solo reconocen una… pareciera. La realidad es otra: hubo libros anteriores a la Tanaj, en los que no sólo se narran historias del diario vivir, sino también los cuentos, mitos y leyendas relativos a la formación del mundo y a la aparición del hombre… cosmogonías en general y, de las que aparece muy disimulados rezagos en el libro más vendido del mundo. La historia de Lilith, la primera esposa de Adán, por ejemplo, que –finalmente- se convirtió en maléfica representación de erotismo de las muchachas; el dios guerrero Yaveh, que dirige ejércitos y levanta su brazo fuerte protector tiene –en los mitos- unas formas femeninas, oficialmente no reconocidas: Yaveh tomó forma de yegua en celo para atraer a los nobles jumentos de los egipcios y dirigirlos hacía las profundidades del mar rojo; mientras que los siete brazos de la Menorá son clara referencia a los siete planetas que en la cultura babilónica se reconocían como divinidades.

En el Genesis, allí donde dice “caos”, “abismo”, “aguas” se esconde el reconocimiento de sus divinidades. El agua es… Tehom, Leviatán o Rahab. A ella hay que enfrentar, en primer lugar y, vencida: la guerra reemplaza a la fertilidad y con ella se desplaza al matriarcado de los primeros tiempos de nuestra historia. Rahab es el mar, el mar embravecido, soberbio, insolente. Afirmase que, en los días primordiales se enfrentó a Elohim y se mostró desobediente, al punto que encolerizado éste, lo mató a patadas… pero, el mar sigue allí, así que, algunos menos crédulos, reconocen la existencia actual de Rahab, exponiendo como parte de su historia la de su intervención en el conflicto entre Moises y los ejércitos egipcios. Los seguidores de Rahab ofrecieron colaboración a Tehom, cuando se encontraron las fuerzas de la naturaleza en las orillas del Mar rojo. Perdió la batalla, pero se llevó hacia las profundidades marinas el llamado Libro de Raziel, uno que se escribió en los tiempos de Adán y que contenía los secretos más oscuros de los días primeros.

Aún cuando Rahab tiene forma de serpiente acuática; la serpiente no siempre tuvo carga de malignidad. De hecho, las culturas primeras la tienen como representación del renacer espiritual. En la cultura hebrea misma, al tiempo que vagaban por el desierto, las serpientes era parte de su hábitat y, por temor, miedo o reverencia, la deificaron: “Esculpe una venenosa y elévala en un asta de bandera. Si cualquiera que sea mordido la mira, recobrará la salud”. Así empezó la adoración de la serpiente de cobre, y tenía por nombre Nehustán, cuyo patrocinio se efectuaba en el templo mismo de Jerusalén ¿O es que acaso esa serpiente era una cara –la cara de la salud o del bienestar corporal-  del mismo Yavéh? Es también representación misma del dios único: La vara de Moisés ¿Por qué tendría que convertirse en serpiente ante los ojos de la corte enemiga si no es para exponer su poder? Es más, expone su capacidad de someter al otro haciéndolo igual a él mismo. Las varas de los sacerdotes egipcios, a pesar de ellos, también se hacer serpientes en representación de aquel, al que quieren negar.

Rajab es una serpiente marina, expone el caos primitivo figurado en la forma de mar tormentoso: una forma de dominarlo es obligándolo a dar espacio para que la tierra brote desde la separación de las aguas, pero también es símbolo de aquello que supone inundación. Egipto es poéticamente comparado con tal divinidad, solo como una forma de exponer o su arrogancia o anunciar las frecuencias en que es inundado por el Nilo… pero sea como fuera, Rahab es, fundamentalmente, el mar, ahora furioso, irascible, encabritado… En cualquiera de sus formas, habrá que verle el lado positivo. Por algún lugar leí una muy seria recomendación: “sea astutos como las serpientes y cándidos como las palomas”, que no es otras forma de decir: “mantengan los pies en la tierra, pero vuelen alto”… Rahab, el mar iracundo, por ahora descansa. 

La tranquilidad del mar es un paisaje inmejorable.

Yolanda

Esta mañana oí de modo distinto la «Yolanda» de Pablo Milanés… Ese olor a tulipanes en catorce de febrero, tenía, ahora, un sinsabor, un tuf...