Entre hamacas y algarrobos
viernes, 30 de enero de 2026
Compasión
viernes, 9 de enero de 2026
Abderramán III
miércoles, 31 de diciembre de 2025
Nerón III
La primera persecución grave contra los judíos
mesianistas seguidores de Jeshua fue ordenada por Nerón. Sin embargo, hacia el
año 50 ya había enfrentamientos entre los judíos y los judíos de "El camino". Así
se les llamaba, como se lee en Hch. 9, 2 y 19, 9, y era una forma de distinguirse del –digamos- judaísmo ortodoxo…
si es que pudiera reconocerse alguno, desde el hecho de que en los tiempos de
Jeshua se reconocía fariseos, saduceos, esenios y zelotes. Incluso los
samaritanos tenía una forma especial de judaísmo propio, con sus propios libros
sagrados y apartados de Jerusalén. El movimiento del nazareno vino a llamarse
más o menos de ese modo: “el camino”, por referencia a su creencia mesiánica en
el crucificado y en la esperanza –pronta- de su resurrección para la
reconstitución de la nación escogida de Dios. El asunto era que, pocos estaban
en la disponibilidad de creer que en las reuniones del “primer día de la
semana” se conmemoraba la victoria de un mesías muerto en la cruz, acusado de
sedición; que uno en sí mismo fuera templo de Dios por fuera del de Jerusalén y
que se estuviera –como en la visión de Pedro- en la disponibilidad de comer
alimentos impuros en contra de los mandatos de la Torá. Yavéh, Moisés y el
Templo son indiscutibles para el judaísmo y, la blasfemia era causa de muerte. La
muerte de Esteban, narrada en Hechos de los Apóstoles, es una clarísima
expresión de que el conflicto religioso de los seguidores de Jesús era un
conflicto “a la interna del judaísmo”. Si Esteban murió hacia el año 36, a
pocos meses de la ascensión del Señor al cielo, queda claro que los conflictos
y persecuciones, en realidad, empiezan dentro del propio judaísmo, en una clara
expresión de disonancia en las formas de practicar el propio judaísmo.
Y aquí viene el asunto. ¿Por qué Nerón ordenó
solo la persecución a los “chrestianos”? Es altamente probable que el judaísmo jerosolimitano
o las autoridades romanas en Judea hayan presentado informes sobre este
nuevo “judaísmo” y, es razonable pensar que hasta se les pusiera peros para su
ingreso a las mismas sinagogas… Los judíos, en general, no eran pepitas de oro sino ¿Por qué
cada vez que había alguna festividad en Jerusalén inmediatamente enviaban
contingentes de soldados para vigilar el templo desde la torre Antonia? Las
persecuciones dirigidas por Pablo de Tarso exponen las graves diferencias y el
rechazo de la secta jeshua-mesiánica. Establecida la diferencia, queda
explicado lo que Tácito anuncia como abominaciones de los seguidores de Cristo
y, que –además- son la justificación específica de la persecución ordenada por
Nerón. Si los jeshúa-mesiánicos son rechazados por las mayorías judías ¿Quién
va a reclamar por ellos? Regresemos a Nerón ¿Qué ocurrió luego de su muerte?
Suetonio cuenta que ante la noticia de haber sido declarado enemigo público por
el Senado de Roma, y tras darle cuenta que le darían muerte pública a punta de golpes
con varas, el mismo ordena cavar una fosa para su enterramiento, al tiempo que una pira –la
leña ya estaba acomodada- daría cuenta de su cuerpo. Su secretario Epafrodito
le ayudó a cortarse el cuello. El historiador no es claro en señalar si fue
enterrado de cuerpo entero o si fue cremado, pues aunque que su personal de
confianza le aseguró que no se llevarían su cabeza, luego se señala que “sus
cenizas fueron depositadas en la tumba familiar de los Domicios”.
Su muerte fue celebrada en Roma,
pero también hay que reconocer que tenía sus seguidores: “durante mucho
tiempo decoraron su tumba con flores de primavera y verano” y, había quienes lo
imitaban en el vestido y las formas de decir, con la promesa de que “pronto
regresaría para destruir a sus enemigos”. Los judíos y los seguidores de Jeshúa,
como bien se comprende, se quedaron en el primer grupo, en el de aquellos que se
alegraron de su muerte, o cuando menos, anunciaban su muerte como un castigo divino.
Además, con harta probabilidad, empezaron a crear la leyenda negra: Nerón es el
anticristo y volverá para traer la destrucción. La idea se repite en el
Apocalipsis, en la Ascensión de Isaías y llega al siglo IV como lo indica
Agustín de Hipona. En la voz de Lactancio, autor de este siglo, desde el modo
de decir pareciera indicar que su cuerpo fue sacado de la tumba y,
probablemente, la noticia haya sido parte de la leyenda; esa que se fue incrementando
hasta llegar a reconocer que la mentada tumba era un espacio de nigrománticos y
magos obscuros, interesados en conocer el futuro o conseguir alguna venganza
personal. El control de las almas por a través de magia prohibida está vedado
en el cristianismo; empero ello no implica que no pudiera realizarse y, de
hecho, los animales negros, como los gatos y/o los cuervos se ligaban a dichas
prácticas. Los testigos presentes en el exorcismo del nogal de la tumba de
Nerón, cuentan que en la primavera de 1099, el papa Pascual II –inspirado por
una aparición mariana- ordenó días de ayuno para los fieles de la iglesia
romana y, en el amanecer de tercer día se dispuso a enfrentarse al maligno que
se escondía en dicho árbol, por lo que luego de realizar un ritual de
exorcismo, golpeó con su báculo la raíz del nogal, produciéndose en ese momento
un estruendo del que todos dicen, parecía las roturas de las cadenas de las
almas torturadas por el antiguo anticristo perseguidor de cristianos. Se ordenó
buscar los restos del maligno emperador, luego la molienda de sus huesos y,
finalmente, el esparcimiento de tales restos en lugares desconocidos para
evitar la repetición de cultos y ceremonias sacrílegas. El espacio fue ofrecido
a la Santa Madre de Dios y, hoy se erige –como ya hemos contado- una basílica
que lleva su nombre.
Hay quienes dicen que, antes de
su destrucción, el nogal era visitado por el Papa nigromante, antecesor del
mencionado Pascual II, probablemente interesado en conocimientos arcanos,
descubrimiento de protocolos esotéricos y comparación de sus prácticas de magia
celta. Tal vez, la intención era comparar el contenido de su propio grimorio con los de aquellos otros que en las noches oscuras hacían diagramas en formas circulares para guiar sus propios rituales. El asunto, lamentablemente, no pasa más allá de la leyenda y de esas
aquellas cosas que se cuentan en los peregrinajes turísticos europeos. Habrá
que preguntárselo a la cabeza parlante del papa Silvestre II, una vez que sea
encontrada o que, el Vaticano permita el acceso a ella, si es que se mantuviera
escondida en las bóvedas papales.
martes, 30 de diciembre de 2025
Nerón II
Sobre el incendio de Roma ocurrido en el 64, Tácito cuenta que no se conoce la causa, mas, la clase política empezó a mirar a Nerón como el causante y, este –antes de que los efectos de esas turbias miradas ennegrecieran su futuro, le tiró la pelota a los cristianos. Empezó la primera de las más graves persecuciones contra los judíos jeshua-mesiánicos. En realidad, los cristianos –que empiezan a llamarse así en los inicios de la década del 70- no eran bien vistos en la sociedad romana de los inicios de la segunda mitad del primer siglo. La causa de esta aversión se presume: hay quienes sostienen que los cristianos se hacían odiar por su elección de no participar en las festividades a los múltiples dioses romanos y por sus críticas a los emperadores (que también se hacían llamar dioses); empero hay quienes afirman –y me adhiero a la posición- de qué en realidad, el problema de los cristianos era un problema judío.
Roma
reconocía el culto sabático propio de los herederos de Abraham; empero no se
hacía problemas en expulsarlos si es que provocaban disturbios y; pareciera que
los judíos jeshua-mesiánicos –que a ese tiempo tenía calidad de secta- no eran
aceptados dado que, la fórmula de El Galileo como ungido no necesariamente
coincidía con la idea judía de mesías triunfante. Sumémosle el hecho de que se
reunían el primer día de la semana, dies solis, y que al tal Jeshua le llamaban
“Señor”. Las trifulcas en las sinagogas, de seguro, parecerían los desencuentros
entre barristas de equipos de futbol contrarios previos al certamen deportivo.
Las autoridades romanas no se harían problemas: los mandaban de vuelta a Judea
o a donde menos problemas causen. De hecho, en Hechos de los Apóstoles, Pablo
cuenta haber conocido a Aquila y Priscila en Corinto, quienes fueron expulsados
de Roma por el emperador Claudio.
Bueno
regresemos con Nerón. Nerón fue sucesor de Claudio y, al tiempo del incendio de
Roma encontró en los judíos jeshua-mesianicos la perita en la que embadurnar los
deseos insanos de la sociedad romana. Todo aquél que se proclamara “Chrestiano”
era aprehendido y sometido a juicio. Y era fácil encontrarlos porque “en horas de la noche del
primer día de la semana” se reunían para conmemorar el sacrificio de la cruz.
Suetonio afirma que se les acusaba de perversas supersticiones, haciendo probable
relación de que se reunían para comer la carne y la sangre de tal Chrestus. Una
afirmación así ¿no es acaso un indicio de canibalismo? Las muertes de los
perseguidos no eran menos graves que aquello de lo que se les acusaba: morían a
dentelladas por cánidos entrenados para matar, crucificados en postes y
quemados como luminarias nocturnas. Algunos de estos espectáculos se realizaban
en medio de fiestas, juegos circenses y parafernalias en favor de las altas
clases. Se simulaban carreras de caballos y, terminaban en comilonas alumbradas
por teas humanas. Tácito reclama: “se tenía la impresión de que no se
los eliminaba por motivo de pública utilidad, sino para satisfacer la crueldad
de uno solo”. La crueldad de Nerón empezó a difundirse entre los judíos,
incluyendo -con razón- a los jeshua-mesiánicos. Y allí empieza la leyenda. ¿Cuántas mamás les dijeron a sus
proles: “Come porque allí viene Nerón y te lleva”? Bueno, si no me creen recuerden el libro de Revelaciones: el número de la bestia, el 666, equivale, en gematría, al
nombre “Neron Caesar”.
Pese a sus
intentos de mantener su popularidad, Nerón dispuso una serie de medidas que no
fueron del agrado del Senado y, éste lo declaró “enemigo público” obligándolo a
huir. El hombre se suicida con la ayuda de uno de sus fieles para evitar su
captura. Su cuerpo fue, primero escondido y, luego, calcinado, para finalmente,
enterrarlo en la tumba familiar de los Domicios Enobarbi, cerca del
Campo de Marte. Las pompas fúnebres fueron en secreto, para evitar que sus
enemigos quisieran profanar la tumba y, de hecho, hubo alguna investigación
destinada a conocer la ubicación de su sepultura. A voces calladas se esparcía
la noticia y, algunos años después, dada su afamada figura de “inhumanidad”, su
tumba se convirtió en destino de aquellos que se dedican a la nigromancia, magia y la
hechicería. Las leyendas prontamente se erigieron para anunciar que el espacio
de su sepultura era un foco de actividad demoniaca, de visiones paranormales,
de presencias de ultratumba… En realidad, había algo más que eso: en las
provincias orientales no se creía que hubiera muerto y, de hecho, se ha
documentado de la existencia de hasta tres pseudo-nerones, que se presentaban
en circos y teatros para declamar poesía o enumerar los logros de su “propio”
gobierno. Quienes no conocieron a los falsos nerones estaban en la posición de
anunciar “que volvería a la vida” para recuperar lo que era suyo. Como podemos
ver, Nerón tenía muy fuertes enemigos, pero también seguidores muy fieles. Esta
historia se mantuvo hasta el siglo IV, al punto que Agustín de Hipona en su
libro “La ciudad de Dios” la enuncia como una creencia arraigada, en la que se
espera su resurrección como anticristo o que “vive oculto en el vigor de la
misma edad que alcanzó cuando se creía que había perecido, y vivirá hasta que
sea revelado a su debido tiempo y restaurado a su reino”.
La leyenda de Nerón se mantuvo “viva” hasta el año 1099. La
edad media, como comprenderán le agregó elementos que hacía más espectral su
leyenda. De hecho, se ha documentado que cerca al mausoleo familiar donde se
guardaban sus restos había un nogal y, más de un testigo sin nombre, afirma que
sobre sus ramas se posaban sombras espectrales mientras que hechiceros
realizaban sus liturgias alrededor del mausoleo. En tiempos de producción de
nueces, los arrendajos y los cuervos se pelean con las ardillas por algunos
frutos y, en medio del pleito de la naturaleza, el papa Pascual II decide
meterle hacha al dichoso nogal, eleva unas cuantas oraciones exorcizadoras y
decide quemar la tumba. Las cenizas fueron lanzadas al rio Tiber. Y todo, por la reveladora aparición de la mamá del Jeshúa.
Hoy, en el lugar, se erige la Basílica de Santa María del Popolo. Así que, si te toca ir por ese
monumento ten cuidado. Nerón Caesar anda cerca.
viernes, 26 de diciembre de 2025
Domingo
martes, 21 de octubre de 2025
Victoria
Un enorme cartel aparece en la iglesia de San Juan Bautista. Señala que los predios en los que se asienta el colegio Champagnat (vecino de la iglesia) son propiedad del Arzobispado de Arequipa. En letras que el sol ha decolorado se lee: “No se deje sorprender”. A pesar de la palidez, el mensaje destaca por su contenido. Expone un litigio entre el ordinario del lugar y la congregación religiosa que regenta la institución educativa. ¿Será que los maristas pretenden vender el inmueble? ¿Es una forma velada de desacreditar la educación que ofrecen? ¡Quién sabe! La única certeza es que el hijo de De la Salle se enfrenta con los herederos de Marcelino Champagnat.
El chisme nos ganó, y le dimos la vuelta a la cuadra para tener una idea del valor del litigio. Entre esas callecitas caímos en cuenta de que el sol arequipeño quema como el de Piura... de modo distinto, pero igual de justificado para invocar la sed. Un letrero anunciaba un restaurante. Nos metimos, y la sencillez de sus ornamentos nos invitó a mirar el reloj... ¡Qué “mirabus” ni qué nada! Los platos anunciados en forma de fotografías nos recordaron que faltaba poco para la hora del almuerzo. Una cerveza arequipeña —fría, al menos— fue el hidratante que puso fin a la sed, el aperitivo que abría espacio para alguno de los platos ofrecidos en la carta.
Luego de varios “De tin marín de do pingüé”, creímos que el hambre moriría en manos de un costillar de cerdo y... pues sí. Corresponde reconocer que nos habíamos adelantado a varios comensales, y tuvimos la ocasión de ser atendidos por una mujer —entrada en años, ataviada con ropas blancas y un sombrero de ala ancha—. Le pedimos una cerveza arequipeña, y luego nos explicó la composición de los distintos platos. Los años dan experiencia, y se notaba que sabía de lo que hablaba. Al escuchar que nuestra elección fue el costillar, sonrió y sentenció: “No se va a arrepentir”, y se metió por entre una reja que daba a la cocina del restaurante.
Ese breve tiempo nos permitió regocijarnos con una estampa arequipeña pintada al óleo. También tuvimos oportunidad de ver una gigantografía que se esconde detrás de un mostrador rojo ocre, donde se aprecian vasijas gigantes acomodadas en la amplitud de una bodega que parece de vinos. En otras fotografías aparece la mujer que nos atiende —quizá con algunos años menos— jugueteando con la masa de los picarones, mientras unos comensales sonríen junto a ella. La mujer regresó para indicarnos que nuestro plato estaba a punto... que le diéramos un “tiempito”. Aprovechamos para preguntarle, solo por curiosidad, si ella era “Victoria Anco”, y haciendo un ademán con la mano para mostrarse a sí misma, replicó: “Así es. Desde hace más de sesenta y... años”. Con una sonrisa se negó a decirnos su edad. “Hago picarones desde que era muchachita”, y nos señaló las fotos donde aparece un sartén con picarones doraditos, de crujiente apariencia... una botella de miel está a un costadito. Le agradecimos por su arte, mientras uno de sus colaboradores se acercaba trayendo los platos solicitados. En realidad, eran dos: las costillas de cerdo y una ocopa arequipeña. Al ver nuestra cara de hambre, sonrió diciendo: “No tenga miedo de coger con la mano... Los cartílagos siempre son una delicia”. Sus pasos lentos la alejaron, y nosotros nos entregamos a la tarea de no dejar nada en los platos.
Las torrejas de papa se escondían bajo un manto de crema. El verde del huacatay se conjugaba con el amarillo de los ajíes, mientras que los sabores de ambos se fundían con la sapidez del maní molido. Un corte sagital revelaba un huevo sancochado partido en dos, mientras el choclo peleaba —en lo que podía— con las rodajas de papa por revolcarse en la crema de la ocopa. No les dimos tregua ni pie a discusión. Nos deleitamos con ese plato.
Las costillas de cerdo fueron una delicia distinta. La carne estaba perfectamente cocida, la piel del chancho molida entre los dientes provocaba crujidos que liberaban sabores que no requerían acompañamiento... pero sí, los había. Las papas grilladas, en conjunción con los jugos naturales de la carne, eran una canción de Dios... de cualquiera de las divinidades, de cualquier cielo. Esas cebollas finamente logradas y remojadas en jugo de limón con pimienta hicieron coro a dos voces, y nosotros solo gozamos del placer entero en nuestra boca. El frío de la cerveza nos pedía a gritos: “Yo también quiero”.
Doña Victoria se acercó: “¿Todo bien?”. Una frase hecha para la ocasión... ella era testigo de lo bien que la estábamos pasando. No quisimos ni hablar para no contaminar con aire los sabores de la carne, y nos limitamos a levantar el pulgar, mientras con la otra mano hacíamos señal de que esperara. En un lado del mostrador se leía las presentaciones de los buñuelos. En la tercera línea decía: “Buñuelos de lacayote”, y preguntamos para tener una idea. Nos explicó: “Es una especie de zapallo”, y se quedó pensando para añadir: “Es una calabaza nativa de por acá”. Le agradecimos por la explicación ampliada a sus picarones de quinua y de maíz morado.
Nosotros ya no dábamos más. Apenas para otra cerveza y un vaso de chicha de jora a base de maíz morado. Su gentileza fue más. Cuando estábamos a punto de despedirnos, apareció doña Victoria con un plato: “Ustedes no se pueden ir sin el postre”. Cuatro buñuelos de distintos sabores fueron el punto final de nuestra glotonería. Nos faltaba boca para relamer la miel que se quedaba entre los dedos.
Al salir, nos despedimos como si nos conociéramos de toda la vida... Vida resumida en un par de platos de comida, muy bien preparados, que ameritan repetición. Nos fuimos caminando por las calles de Yanahuara, para reacomodar nuestros cuerpos a la realidad. Tanta beldad no puede durar para siempre... No obstante, nuestra curiosidad —que empezó como chisme por pleitos entre tonsurados— nos valió nuevos sabores que vinieron bien para conocer la culinaria del sur del país.
En el Perú se come bien por donde vayas. ¡Manos benditas las de Dñ Victoria!
sábado, 18 de octubre de 2025
Illapa
Compasión
Caminábamos esa tarde. Después de años, había encontrado un espacio en el que hablar de justicia, de derechos humanos, de leyes y de Constit...
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Laurence Chunga Hidalgo Abogado y Aprendiz de historiador Con el siglo XX, nace políticamente el distrito de Máncora y desde el 14 de noviem...
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