Sobre el incendio de Roma ocurrido en el 64, Tácito cuenta que no se conoce la causa, mas, la clase política empezó a mirar a Nerón como el causante y, este –antes de que los efectos de esas turbias miradas ennegrecieran su futuro, le tiró la pelota a los cristianos. Empezó la primera de las más graves persecuciones contra los judíos jeshua-mesiánicos. En realidad, los cristianos –que empiezan a llamarse así en los inicios de la década del 70- no eran bien vistos en la sociedad romana de los inicios de la segunda mitad del primer siglo. La causa de esta aversión se presume: hay quienes sostienen que los cristianos se hacían odiar por su elección de no participar en las festividades a los múltiples dioses romanos y por sus críticas a los emperadores (que también se hacían llamar dioses); empero hay quienes afirman –y me adhiero a la posición- de qué en realidad, el problema de los cristianos era un problema judío.
Roma
reconocía el culto sabático propio de los herederos de Abraham; empero no se
hacía problemas en expulsarlos si es que provocaban disturbios y; pareciera que
los judíos jeshua-mesiánicos –que a ese tiempo tenía calidad de secta- no eran
aceptados dado que, la fórmula de El Galileo como ungido no necesariamente
coincidía con la idea judía de mesías triunfante. Sumémosle el hecho de que se
reunían el primer día de la semana, dies solis, y que al tal Jeshua le llamaban
“Señor”. Las trifulcas en las sinagogas, de seguro, parecerían los desencuentros
entre barristas de equipos de futbol contrarios previos al certamen deportivo.
Las autoridades romanas no se harían problemas: los mandaban de vuelta a Judea
o a donde menos problemas causen. De hecho, en Hechos de los Apóstoles, Pablo
cuenta haber conocido a Aquila y Priscila en Corinto, quienes fueron expulsados
de Roma por el emperador Claudio.
Bueno
regresemos con Nerón. Nerón fue sucesor de Claudio y, al tiempo del incendio de
Roma encontró en los judíos jeshua-mesianicos la perita en la que embadurnar los
deseos insanos de la sociedad romana. Todo aquél que se proclamara “Chrestiano”
era aprehendido y sometido a juicio. Y era fácil encontrarlos porque “en horas de la noche del
primer día de la semana” se reunían para conmemorar el sacrificio de la cruz.
Suetonio afirma que se les acusaba de perversas supersticiones, haciendo probable
relación de que se reunían para comer la carne y la sangre de tal Chrestus. Una
afirmación así ¿no es acaso un indicio de canibalismo? Las muertes de los
perseguidos no eran menos graves que aquello de lo que se les acusaba: morían a
dentelladas por cánidos entrenados para matar, crucificados en postes y
quemados como luminarias nocturnas. Algunos de estos espectáculos se realizaban
en medio de fiestas, juegos circenses y parafernalias en favor de las altas
clases. Se simulaban carreras de caballos y, terminaban en comilonas alumbradas
por teas humanas. Tácito reclama: “se tenía la impresión de que no se
los eliminaba por motivo de pública utilidad, sino para satisfacer la crueldad
de uno solo”. La crueldad de Nerón empezó a difundirse entre los judíos,
incluyendo -con razón- a los jeshua-mesiánicos. Y allí empieza la leyenda. ¿Cuántas mamás les dijeron a sus
proles: “Come porque allí viene Nerón y te lleva”? Bueno, si no me creen recuerden el libro de Revelaciones: el número de la bestia, el 666, equivale, en gematría, al
nombre “Neron Caesar”.
Pese a sus
intentos de mantener su popularidad, Nerón dispuso una serie de medidas que no
fueron del agrado del Senado y, éste lo declaró “enemigo público” obligándolo a
huir. El hombre se suicida con la ayuda de uno de sus fieles para evitar su
captura. Su cuerpo fue, primero escondido y, luego, calcinado, para finalmente,
enterrarlo en la tumba familiar de los Domicios Enobarbi, cerca del
Campo de Marte. Las pompas fúnebres fueron en secreto, para evitar que sus
enemigos quisieran profanar la tumba y, de hecho, hubo alguna investigación
destinada a conocer la ubicación de su sepultura. A voces calladas se esparcía
la noticia y, algunos años después, dada su afamada figura de “inhumanidad”, su
tumba se convirtió en destino de aquellos que se dedican a la nigromancia, magia y la
hechicería. Las leyendas prontamente se erigieron para anunciar que el espacio
de su sepultura era un foco de actividad demoniaca, de visiones paranormales,
de presencias de ultratumba… En realidad, había algo más que eso: en las
provincias orientales no se creía que hubiera muerto y, de hecho, se ha
documentado de la existencia de hasta tres pseudo-nerones, que se presentaban
en circos y teatros para declamar poesía o enumerar los logros de su “propio”
gobierno. Quienes no conocieron a los falsos nerones estaban en la posición de
anunciar “que volvería a la vida” para recuperar lo que era suyo. Como podemos
ver, Nerón tenía muy fuertes enemigos, pero también seguidores muy fieles. Esta
historia se mantuvo hasta el siglo IV, al punto que Agustín de Hipona en su
libro “La ciudad de Dios” la enuncia como una creencia arraigada, en la que se
espera su resurrección como anticristo o que “vive oculto en el vigor de la
misma edad que alcanzó cuando se creía que había perecido, y vivirá hasta que
sea revelado a su debido tiempo y restaurado a su reino”.
La leyenda de Nerón se mantuvo “viva” hasta el año 1099. La
edad media, como comprenderán le agregó elementos que hacía más espectral su
leyenda. De hecho, se ha documentado que cerca al mausoleo familiar donde se
guardaban sus restos había un nogal y, más de un testigo sin nombre, afirma que
sobre sus ramas se posaban sombras espectrales mientras que hechiceros
realizaban sus liturgias alrededor del mausoleo. En tiempos de producción de
nueces, los arrendajos y los cuervos se pelean con las ardillas por algunos
frutos y, en medio del pleito de la naturaleza, el papa Pascual II decide
meterle hacha al dichoso nogal, eleva unas cuantas oraciones exorcizadoras y
decide quemar la tumba. Las cenizas fueron lanzadas al rio Tiber. Y todo, por la reveladora aparición de la mamá del Jeshúa.
Hoy, en el lugar, se erige la Basílica de Santa María del Popolo. Así que, si te toca ir por ese
monumento ten cuidado. Nerón Caesar anda cerca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario