viernes, 8 de septiembre de 2023

Dolor

El teléfono sonó esa mañana. Era el amanecer del día. El muchacho abrió una puerta, apuró sus pasos, se acomodó rápidamente en una silla y levantó el auricular. No hubo tiempo para el "aló" inquirente del que contesta. "Estás allí. El problema se ha complicado después de casi dos años, el hijo de puta del Inonato Ergüen ha llamado pidiendo mi cabeza... ¿Estás? ¿Estás?... Habla carajo". El prolongado sonido de la llamada interrumpida descompensó el oído del hombre recién despertado.

Volvió a su habitáculo... Se paseó un par de veces en el breve pasillo existente entre su cama y la pared. Entre sus pasos y el silencio, se revoloteaban mil ideas, algunas extrañas, otras desquiciadas, unas cuantas, de la mayor maldad posible y al fin encontró reposo en una vieja perícopa: "Los hijos de la noche son más astutos..." Y volvió a la misma frase una y otra vez. Al final, le ofreció una conclusión distinta: "... Pero la luz de la verdad es siempre liberadora".

Levantó el teléfono y marcó de memoria para una llamada. Una voz avejentada y somnolienta, contestó "aló" y en réplica los oídos de aquel solo pudieron oir "bebé el agua de tu cisterna, el agua natural de tu pozo". La respiración se hizo profunda y volvió: "apresará al inicuo su maldad, la telaraña de su iniquidad será su límite". El inquerido, extrañado, antes que de los anuncios, de la hora tempranera, dibujó una sonrisa de ruindad, de la que nadie fue testigo. Se dijo para sí "mi maldad no tiene fin, mi reinado está lejos del ocaso".

La mujer, ajena a la escena, descompuesta de sí, desnuda en sus pensamientos,  todavía en su cama, pendiente de sus tareas del día, en ordenación secuencial de lo que debía hacer dentro de la jornada laboral, se decía: "Aciaga la hora en que mis ojos se embriagaron de ti, veneno había en la dulzura de tus besos". Su mirada se perdía en la oscura oquedad imaginaria que se dibujaba en la pared... Su nerviosismo la sobrepasaba, sus dedos sufrían sus vanos intentos por hacerlos tronar. En el fondo, una pilla idea sufragaba el gasto de su ansiedad... ¿Quién podría decir que un libro de contabilidad, una calculadora y una cuenta bancaria podían ser el motivo de tanta mezquidad? Nada hubiera cambiado si esos pagos  -mensuales, permanente, sistemáticos, abultados a un sujeto sin rostro, sin firma, sin justificación- se mantenian en el secreto. Ella no vislumbró que se convirtieran en la piedra que rompió el zapato. "Maldito este amor que me obligó a abrir la boca". Las cuentas dedicadas a la futura construcción de una basílica para la madre del sufriente en cruz eran la materialización de posibles problemas legales. Un crucificado, en otro extremo del cuarto, miraba piadoso ese dolor.
El crepúsculo auroral ya no estaba, los cri cri de la noche le habían dado paso a los claxones y al bullicio que apaga los pensamientos.

jueves, 24 de agosto de 2023

Leñador

Antes de que mi mundo empezará, era mi abuelo. Mi abuelo y sus cabras. También allí, sus vecinos. El mundo era corto, pequeño, angosto y... de todos. Los vecinos se contaban con los dedos de las manos y las distancia de entre las respectivas casas se media a zancadas. Entre una y otra bien podían acomodarse unas cinco o diez casas, pero -a esos dias- no había nada. El más lejano era Pablo, el bravo. Ese hombre murió en su ley: de un solo tirón y en la puerta de su casa. Se fue una tarde, mientras jugábamos fultbito en la canchita terrosa que se advertía de las araduras de la tierra dada las correrías de los rivales peloteros. El hombre pasó montado en su burro interrumpiendo el partido: "muchachos cojudos, eso no más saben: jugar" y pasó mientras alguno de sus nietos se atrevió a darle besos al aire con el afán de apurar al pollino que lo conducía.

Entre casa y casa, solo había despoblado. Quizá alguna picota para amarrar algún jumento o, algún corral en que asegurar los ovejos, las cabras o las gallinas. Sin perjuicio, cualquier espacio era bueno para lo que sea. Alli, en la entrada del camión de Jorge Peña, se jugaba a la "batita"... Una adaptación muy ñoña del béisbol americano... ¿Quién realizó ese acomodó? Ni idea. La pelota era de trapo, hecha de medias y de retazos de tela. No había bate y... El asunto era lanzar la pelota lo más lejos posible para malograrle la tarea al rival, y lo demas... diversión de churres.

También estaba Feluco. Un hombre moreno, medio serio, medio afable. Contaba en su corral algunas cabras, unas muy poquitas; así que, pronto se acabaron... Lo que nunca faltó en el postigo eran sus burros. De ordinario,  dos; a veces tres y, si la situación estaba dura, solo uno. Si la crisis era muy grave ninguno. Eran sus instrumentos de trabajo. Allí también, sillones, jaquimas, monturas, cabos, cuerdas, bidones, cajones para el carguío de lo que sea, etc. La cocina de su casa era modesta y me gustaba... Quizá porque la hizo el mismo. El fogón se montaba sobre una caja hecha de adobes y, en la parte baja había dejado una oquedad para acomodar la leña y otra, de menor calado, para guardar las viandas. Allí con el calor de los carbones de la parte superior se mantendrían tibias, si hubiera necesidad de esperar al comensal.

Era un leñador al que, su trabajo de todos los días le había dejado huellas en el cuerpo. No necesito de máquinas ni de instructor para mantenerse "fitness". El trabajo con el hacha le fue suficiente. Cortaba leñas de algarrobo para venderlas en el centro del poblado. Allí dejaba, de seguro, cargas de leña donde Pedrito, el panadero y, también en casa de algunas mujeres. Si la venta se estrechaba también podía encargarse de buscar puntales y horcones de algarrobo para quien los necesite en la construcción de sus casas... Incluso podía irse hasta la montaña para conseguirlos de hualtaco, si es que el cliente era exigente... Varas de overal, pájaro bobo, etc. Sabía buscarselas con un burro, un machete, un hacha y algunas soguillas.

No recuerdo haberlo visto ebrio. Algunas veces molesto, pero ebrio... No. Se molestaba con sus hijos, por esas cosas que los papás suelen molestarse con los suyos, pero siempre estuvo atento a las cosas de los chiquillos que andábamos por allí, mataperreando, matando el tiempo, jugando a lo que fuera. "Mujer, dale agua a este bandido... Sudas, como si trabajarás". Renegaba, pero no nos negó una "vianda de agua". Así nos la servíamos: en viandas... Para asegurar el ahogamiento de la sed. Estás eran unas de fierro enlozado con orejitas huecas para que se acomoden unas sobre otras entrelazadas en un cinto metálico para la facilidad del traslado.

El hombre era un leñatero consumado. Es probable que aprendiera el oficio de su padre... O de su madre. A ella, los maledicentes le decíamos "Maria sacatroncos". Se le revolvía las tripas del coraje y, Don Feluco heredó el seudonimo, aunque no creo que alguien se hubiera atrevido a anunciarselo si es que no fuera que estaba seguro de que sus oídos no lo oyeran.

El hombre, con más de nueve décadas en sus alforjas, ha decido marchar a mejores bosques. Su recuerdo y, la realidad de que aquellas gentes que se acomodaron en mis primeros años se van, me hace sentir que la vida es efímera, que hay que vivirla en el día a día... Consumirla como el fuego consume los carbones del leñador que vivía a pocos metros de la casa de mi abuelo. Ese mundo se está acabando.

Buen viaje Dn. Feluco. No se olvide de su hacha. Saludos para Dn. Concio. Que todo vaya bien.


martes, 15 de agosto de 2023

Elevación

Después de la horrenda muerte de El Galileo, la mujer decidió sumarse al grupo de seguidores. Se apegó con ahínco al denominado "de los parientes"; entre ellos, Santiago, hermano del crucificado, y otros que, los chismosos identifican con los nombres de Judas, José y Simón. Roma no había tenido compasión y los funcionarios de Pilatos dejaron correr la noticia de que cualquier reclamo por dicha crucifixión podría dar lugar a otras y de mayor sufrimiento. Así que, prefirieron reunirse en las penumbras de los amaneceres o en las sombras de las noches. Algunos de los seguidores, con el tiempo, dejaron de serlo. Se les había acabado la esperanza.

El tiempo no había sido poco y la proclamada noticia de nuevos tiempos, de gobernantes que velen por la justicia de los pobres, que presten oído a las viudas o que misericordiosamente ofrezcan pan a los huérfanos, no llegaba. Los años también se notaban en las pieles de aquellos seguidores que no perdían la fe. La mujer, ella misma se sentía cansada y prefirió regalar sus pestañas al sueño para recuperar algo de fuerzas.

Se acomodó sobre unos paños y pidió no la despierten. Mas luego, transcurrido algún tiempo, algunos piadosos del grupo decian escuchar algunas voces en canto. Les parecía suave brisa que se acurrucaba en sus oídos, el airecito que se filtraba por los resquicios de las puertas y ventanas, además de frescor les regalaba la musicalidad que el aire producía al golpear las telas o los estrechos maderos que las conformaban.
 
Un muchacho estaba sentado sobre un madero, luego de algún rato, decidió levantar a la mujer, pero su sueño era tan profundo que prefirió que sea mayor su descanso. Otros, más luego, intentaron despertarla y no pudieron. Alguno diagnosticó la muerte sobrevenida en sueño, pero la mayoría prefirió creer que solo era un desmayo, un especie de catalepsia prolongada. Así las horas, convinieron en esperar un milagro: llevaron el cuerpo y lo dejaron en un sepulcro, semiabierto; mientras a la distancia continuaban con sus liturgias, oraciones, conversaciones y compartires.

¿Te ha tocado alguna vez ante la frecuencia de un sonido, su ausencia te causa extrañeza? Bueno pues, eso le ocurrió a ese minúsculo grupo de gentes: muy pronto se dieron cuenta que el viento había dejado de soplar, que los sonidos producidos ya no llegaban a sus oídos; por lo que decidieron salir del lugar donde estaban: miraron el sepulcro y el cuerpo de la durmiente ya no estaba. Cuentan que, algunos de los presentes, al levantar la mirada, pudieron ver qué su corporeidad se perdía en el espacio infinito y, a la vez, una luminosidad se apagaba. Era como aquellos puntos de luz que se hacían negros en los viejos televisores de tubos que ahora están desparecidos.

La mujer, o mejor, su humanidad, había sido robada desde las alturas. ¿Y los demás? Volvieron a sus vidas ordinarias  con arrobadas esperanzas de un mejor cielo.

jueves, 3 de agosto de 2023

Azazel

¿Has oído la expresión 'chivo expiatorio'? De seguro que sí. Digamos que es una expresión con que se hace referencia al pago de la culpa de una persona por otra distinta, a la que gratuitamente o por contraprestación, se le impone un castigo. Es un acto de simulación y, de ordinario, se vincula a los procesos penales o administrativos sancionatorios. Pero ¿sabías que la idea proviene de la cultura hebrea? ¿Qué se origina en un rito simbólico religioso de los hijos de Abraham? Y estoy absolutamente seguro que desconoces que se vincula a una deidad obscura de nombre Azazel. En el libro de Levítico 16, 7, se detalla: “Después tomará los dos machos cabríos y los presentará delante de Yavéh, a la puerta del tabernáculo de reunión. Y echará suertes Aarón sobre los dos machos cabríos; una suerte por Yavéh, y otra suerte por Azazel”. ¿Quién es Azazel?

En la angelología lóbrega, se dice, que Azazel es uno de los ángeles caídos. Es el compañero de Semyazza, aquel que convenció a Yaveh para que los ángeles –los que quisieran- puedan bajar a los terrenos adánicos para cohabitar con la humanidad, con el afán de enseñarles el temor de dios, la disipación de las pasiones, la compostura en la actuación. Lamentablemente, al igual que su compinche, quedó prendado de la belleza femenina y, tuvo sus hijos. No se tiene noticias de sus nombres y tampoco se sabe de con quién los tuvo y; a diferencia de su compañero de aventuras que se atemorizó de la ira de dios e intentó reconducir su conducta y, se infligió un castigo hasta la espera de juicio final, Dn. Azazel no se arrepintió de nada. Al contrario, aprovechó las debilidades más profundas de la humanidad: mientras a las mujeres les engalanaba la vanidad con joyas, dijes, espejos, velos de colores, alhajas y demás chucherías; a los varones -al enseñarles el arte de la guerra, la estrategia, la forja de armas- les hacía caricias sobre sus arrogancias. Se aseguró con ello, la competencia de las damas entre sí. La exaltación de la femineidad no sólo suponía buscar a la mujer más hermosa de la tierra, o –como dirá un cuento de posterior aparición- hacer la pregunta de rigor al reflejo: “espejito, espejito ¿Quién es la más bonita de este reino?”; sino que, las exponía como causa de rivalidad entre los hombres. Los señores, en particular, los emperifollados de este mundo, peleaban entre sí por tener a la mujer más hermosa y que a la vez reúna en sí misma otras cualidades como la fertilidad, la devoción a dios y la capacidad de hacer bien las cosas. No por las puras Abraham, el que salió de las tierras de Ur, envió a su criado Eliezer a que se devuelva a la “santa tierra” para buscar a una mujer que sea aparente para su hijo Isaac. El hombre sabía lo que necesitaba y ensilló varios camellos llenos de regalos. Cuenta el amanuense que, el viejo capataz de Abraham se apostó cerca de un pozo y esperó a que bajaran las muchachas por sus carguíos de agua y, fue Rebeca, una doncella, joven, bienhadada, hacendosa la que le fue mostrada como la elegida. En agradecimiento por el ofrecimiento de agua y pasto para su camellada, le puso sobre sus manos unos pendientes y en cada muñeca acomodó brazeletes de oro de muy buenos acabados ¿podría ella resistirse a semejantes regalos?

No nos apartemos. Azazel no solo aprovechó la vanidad de las mujeres para exaltarlas; sino que también se valió de la irascibilidad masculina para hacer de ésta la rueda en la que se ha movido la historia: la guerra. Le enseñó a los hombres, en general, la metalurgia. Todas las técnicas para extraer los metales contenidos en las oquedades de la tierra. En la mejor de las oportunidades, fue motivo de herramientas para la agricultura: arados, estructuras para la carga, palas, machetes; en circunstancia menos venturosa, para hacer flamear la belleza: objetos ornamentales para uno u otro sexo; en la maldad suma, para que se maten unos con otros. Las flechas, fechas, cuchillos, espadas, lanzas tenían en uno de sus lados la marca “Azazel, el forjador de metales”. Tal parece que esa fue su venganza contra dios: Si Yaveh no nos da otra oportunidad, entonces su mejor creación tampoco la tendrá y, les ofreció motivos y herramientas para la muerte.

El asunto es ¿Por qué en la biblia se ofrece la suerte de un macho cabrío para este ángel caído? Hay muchas versiones explicativas. En los días nuestros, se cree que la palabra allí expuesta no hace referencia a ningún ángel caído y que solo se trata de una  “palabra homófona” y, que debería traducirse como “la cabra que desaparece”; en razón a que el rito de expiación, en Levitico 16, supone que uno de los animales elegidos, en que cae en suerte para Yavéh se ofrecerá en expiación, pero “el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Azazel, lo presentará vivo delante de Yavéh para hacer la reconciliación sobre él, para enviarlo a Azazel al desierto”. La idea es que el sacerdote pone “sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto”. El animal de seguro se perdía en el desierto y moría de hambre y de sed. Otros sostienen que el encargado de llevarlo al desierto, en realidad, lo llevaba y lo despeñaba en alguna profunda oquedad. Otras versiones, desde la conjugación de lo que se dice en la biblia y de lo que anuncia en los libros apócrifos y demás literatura mitológica, aseguran que luego de que los ángeles caídos expusieron su debilidad por las hijas de Adán y de llenar el mundo de “gigantes”; otras deidades acompañantes de Yavéh, -dígase Miguel, Gabriel, Rafael y Uriel- le ofrecieron ir en busca de Azazel. Luego de dura batalla lograron derrotarlo y, en castigo lo encadenaron de pies y manos, lo encerraron en una cueva oscura del desierto y amontonaron rocas sobre ella para evitar que escape. Esa cueva, se convirtió en botadero.

En el libro de Enoc, se precisa un detalle, que vendría de la boca misma de Altísimo: “Y toda la tierra ha sido corrompida a través de las obras que fueron enseñadas por Azazel. A él la culpa de todo pecado”. Desde esas expresiones, viene bien entender que, si el desierto es habitáculo natural de los demonios –recuerden que Lilith fue a parar a los desiertos del mar rojo, por ejemplo- entonces el envío de un chivito en el que el oficiante ha impuesto las manos, lo ha manchado de sangre y lo ha llenado de maldiciones, imprecaciones e injurias que representan el pecado del mundo; entonces, se hace necesario reconocer que mientras Yavéh es la expresión de la santidad y la pureza, el otro, Azazel, es una deidad opuesta: es el pecado que habita fuera del espacio de la humanidad, en el desierto, en las profundidades de las cuevas. Allí donde no es posible siquiera el crecimiento de una hortaliza. El envío del macho cabrío para Azazel al medio del desierto no sería más que, una expresión de desprecio.  

Nos libren los dioses de encontrarnos algún día en la boca de la Cueva de Dudael. Azael parece pertenecer al lado obscuro de la fuerza.

miércoles, 19 de julio de 2023

Semyazzá


El monte Hermón, ese que fue testigo de la trasfiguración del Jeshua Hamashiaj, también ha sido testigo de otros eventos importantes. Uno de relevancia, pero que apenas es reconocido como extraordinario, viene cantado en el salmo 133: “Como el rocío del Hermón, que desciende sobre los montes de Sión, pues allí envía Yavé su bendición y vida eterna”, y es que, allí, en sus alturas caen las primeras precipitaciones que luego se convierten en el muy famoso rio Jordán. A estos tiempos, sin embargo, queremos anotar una historia distinta, que no aparece en la biblia; pero que es tan antigua como ésta. La historia de Semyazzá. 

El hacedor del mundo, se complacía, a ese tiempo, en su más reciente creación: Eva. De hecho, ésta era el tercer molde logrado; después de Lilith, después de Naamáh. Adán mismo, compartía esa complacencia: la nueva compañera asignada se veía muy de sí, muy suya, al punto que, donó una de sus costillas con afanes creativos… Bueno… cerca a este par de novísimos pichones, el Altísimo puso una pléyade de celestiales a los que se les había encomendado la tarea de resguardarlos. Eran, en realidad, el primer “servicio secreto” del que se tiene noticia. Tenían que preservar a la humanidad de las amenazas de la demonizada Lilith y la de su séquito de seguidores… que eran muchos demonios, como ella. La humanidad, a pesar ya, del primer pecado de los fundadores y ya expulsados del Edén, aun peleados con la naturaleza de gracia, guardaban una buena porción de inocencia. Apenas habían aprendido a cubrir su desnudez con las hojas del campo; el fuego no era más que –en su escaso entendimiento- las lágrimas de los volcanes o las expresiones de ira materializadas en rayos que caían sobre algún bosque propicio para la ignición… casi que no sabían que era la cópula y, menos aún, podían explicar las razones de porque las hijas de Eva podían salir preñadas y parir luego de un cierto rato. 

Semyazzá –también de seguro se podrá encontrar con la variante Shemhazai- era el jefe del escuadrón de vigilantes. Él le había encomendado la jefatura de la milicia guardiana de la humanidad. La designación se realizó a petición de parte. En realidad, la angelicalidad de Semyazzá le hacía dudar de la bondad de la creación de hombre, o mejor, dudaba de que la tendencia al mal fuera tan fuerte como para no evitarla. Y allí, un día en que conversaba –casi con reproche- le pidió a Elohim, que lo nombre como guardián de los hombres. Al pedido se sumó Azael, pero fue a aquel que lo designaron responsable de la tarea y, con ese afán, su tarea era vigilar, rondar, observar las vueltas de la tierra o los movimientos del mar o los quehaceres de los hijos de Eva, pero también se le permitió bajar a la tierra e intervenir si así parecía conveniente. La atracción hacia el lado obscuro no era poca, al punto que las huestes de Semyazzá –con el afán de evitar alígeros esfuerzos- decidieron -de vez en cuando- pernoctar, habitar, aposentarse en medio de los hombres.

El asunto no era con los varones. En realidad, desde sus seráficos ojos, la dificultad venía del polo opuesto: las mujeres. Las hijas de Eva estaban muy bien puestas… Se veían tan bien, que bien merecían un desayuno madrugador y, encontraron en ellas placeres que no se los regalaban ni siquiera el “kadosh, kadosh, kadosh Adonai Elohim” de los serafines. Tales placeres se sentían tan íntimos como las epidermis y humedades de aquellas. Allí, aposentados en lo más alto del monte Hermón, la tropa angelical, abrazada entre sí, cubiertos todos por sus propias alas, juraron preferir cualquier maldición a que evitarse el placer de la carne femenina. Y en ese momento dejaron de ser los vigías celestes para corporeizarse y, permitirse aquello que inicialmente decían era fácil de vencer. Un sujeto que dice llamarse Enoc, escribió que Semyazzá, intentó bajar solo a la tierra; pero sus doscientos acompañantes no quisieron abandonarlo. 

Subyugados éstos ángeles por la belleza femenina, prontamente tuvieron heredad. El jefe de ese servicio secreto, Semyazzá, rapidamente procreó a dos hijos que llevan por nombres “Hiwa” e “Hiya”. No se ha podido saber, quien es la madre de aquellos; pero hay, cuando menos, tres candidatas: Naamá, Agrat -hija de Mahlat- y Lilith. Nosotros, solo las mencionamos dada la noticia. Lo que viene después ya se difumina en los chismorreos mediáticos de aquellos días: Elohim, insufló sus narices de ira y, amenazó a la humanidad entera con deshacerse de ella. Para ese efecto, Uriel, y luego Noé, fueron los mensajeros de la aciaga noticia. Semyazza, se sintió culpable, en particular porque sus hijos morirían y decidió entregarse para el castigo que el Altísimo considerase. Dicen que se colgó con la cabeza hacia abajo en la bóveda celeste y todavía permanece allí, entre el cielo y la tierra y, su punitiva promesa es hasta que se realice el juicio final. Sus formas retratan lo que ahora se conoce como la constelación de Orión. Otros cuentan que, arrepentido pidió perdón por los suyos -y aún cuando perdió sus alas- luego del diluvio y sobrepasada la crisis volvió a los cielos utilizando la escalera de Jacob, esa que se le apareció en sueños.

Una cosita más. Afirman que Semyazzá, tan pronto bajó del monte Hermón le puso los ojos a una doncella de nombres Istahar. Ésta, en defensa de su pudor, prefirió engañarlo: “préstame tus alas”, le dijo. Emperifollada con ellas, se fue a los cielos y se acurrucó en el trono de Elohim. Los que saben, afirman que su figura puede identificarse en la constelación de Virgo. Y antes de irme… Unita más: Advertido el engaño, Semyazzá se amancebó con otra mujer con la cual tuvo un hijo llamado “Ahiya”, quien después se convertiría en el padre de Sehón y Og. Y confieso lo último: no sé si “Ahiya” es un tercer hijo o si es alguno de los que mencioné líneas arriba. 
El chisme no me alcanza para tanto. 

 

 



viernes, 9 de junio de 2023

RESiliencia

El juez miraba con cierta indiferencia a los que aparecian frente de si. Su humor cambio al verla llegar, pero quiso disimular y su voz sonó imperturbable: "solo faltaba ud. Dra... Ejem.. empecemos" mientras su mano izquierda hacia tintilar la campana que introducía al tiempo procesal.

Todo iba bien, dentro de los cánones que el hieratismo impone, iba como por una cauce tallado en mármol... Hasta que en el espacio es misma voz dejó caer un desanimado "Dra. me gustaría que ud me muestre el cuerpo del delito". La solicitud se convirtió en zalameria tan pronto cruzó  la membrana timpánica de aquella: ella dejó salir una voz dulzona, embriagadora... "El cuerpo del delito está en frente suyo" mientras de su cartera sacaba un sobre manila donde se guardaba un cuchillo. Si. Esas palabras era de doble filo: mostraban el cuchillo, objeto del pedido, y a la vez, anunciaba la silueta de ella...perturbadora, inquietante. Así empezó aquella historia que ahora lleva nueve calendarios... 

Empezó así, con un mensaje de doble sentido y luego en medio de los expedientes se cruzaban mensajes cifrados. El folio cincuenta vuelta llevaba escritos los deseos de cada quien, los más profundos y también los más carnales. Una goma roja hacia el rápido trabajo de deshacerse del carbón para que la huella no deje letra que pueda leerse.

Las historias de las gentes están escritas con esas breves biografías sucias, inmundas, asquerosas del amor carnal, de ese que se escribe con fluidos, con temblores, con gemidos. Si miran atentamente a sus lados, verán que el profe está casado con la secretaria del colegio, la ingeniera que se encandiló con el practicante que llegó a hacer sus pininos,  hay muchos jueces  con fiscalas, y fiscales emparejados con juezas... Y juezas con secretarios y así sucesivamente...

Los tiempos se vistieron de tecnología hizo que los mensajes de carbón se trasladarán al ciber espacio y los textos telegramáticos le dieron cabida a aquellos otros que se acompañan de imágenes y de aquellas otras que también llevan "música para los oídos", de los que rompen las pupilas y hacen que la niña de los ojos pierda inocencia.

Que tiren piedras aquellos que no han enviado un mensaje embadurnado de deseos, quien no ha texteado por debajo de la mesa un poema sicaliptico, una prosa en la que la imaginación se desnuda sin reparo...
Quiero ver arder las praderas de los dueños del dogma, de los custodios de la moral, de los guardianes de los humanos comportamientos. Quiero que esas pasiones arrebujadas de razón sean los bomberos de esos corazones enamorados... ¡Tiren piedras! ¡tiren piedras...! Que no hay tejado que no sea de barro... De ese mismo del que hicieron a Adán.

viernes, 5 de mayo de 2023

Almuerzo

Ese inicio de tarde fue agotador. La jornada en los caseríos de Las Mónicas, Pueblo Libre, Malingas, Paccha había sido extenuante. La olla de la Hi-Lux iba repleta de diaconisos que, aunque cansados, contaban las anécdotas del día. 

Era parada obligatoria ese rústico restaurante en el camino entre Sullana y Tambogrande. Era motivo de alegría... ¿Quien rechazaría una jarra de clarito a las dos de la tarde o un arroz con su hígado encebollado o sus cachemas fritas con sus cebollas encurtidas en limón? El arroz con cabrito o el seco de pato eran competidores de temer.
El de la caja chica, hizo sonar un par de palmadas para advertir que solo pagaría el almuerzo de cada quien y una jarra de chicha por cada dos. Lo demás, ceviche o lo que fuera, a cuenta del pediche... O sea, de uno mismo. Luego de una breve y apantallada reclamación, cada quien hizo sus pedidos. El "ecónomo" llevaba el cardex.

Uno de los tragones, pidió su respectivo arroz con pato y le daba trámite con parsimonia... Un pedacito de presa puesta a un costadito del plato, la separación de una tajada de arroz revuelta en sus frejoles yyyyy... !Pa adentro! Y mientras contaba cosas graciosas, el procedimiento era el mismo. El asunto es que su ingeniería no era buena... Pronto se quedó sin frijoles. Se levantó de la mesa, recorrió el breve espacio que separaba el salón de comedor y con voz de perecido... "Ña  María... Uno poquito de menestra, pa que el arroz no se quede solito". La mujer le sonrió por el atrevimiento y con un movimiento especializado de cocinera experimentada, le dejo caer no solo un poco de frijoles, una presita, -chiquita, chiquita- también apareció en el plato... "Gracias" replicó el hambriento.. "Si no fuera que ud. ya tiene huere, yo me la llevaría" le anunciaba mientras regresa a su mesa.

La conversa siguió en las mesas... Hasta que un "en veinte salimos" le puso apuro a los comensales. El susodicho, seguía en su procedimiento de un pedacito de carne, un poquito de arroz y otro de menestra... En ese trajín se acabó el arroz y.. otra vez: "Ña Maria... (Con cara suplicante) una ñizquita de arroz... Pa mi siguien bajada le traigo un saco de allá de Partidor de donde mi compadre Terencio..." La mujer -ahora con cara de fingida desaprobacion- le regaló una cucharada de arroz y mientras el muchacho agradecía, le espetaba: "Ya carajo, coma parejo, coma parejo, que lo que ud paga no alcanza ni para el carbon".

El reñido se quedó sin ganas de volver por más. El encargado también le cayó encima: "apúrate oe, que por ti siempre nos retrasamos". Con cara de vergüenza, volvió a su tarea: un trozo de carne, una porcioncita de arroz y otra de menestra y, a darle trabajo a las mandíbulas. 
Buen día.

Yolanda

Esta mañana oí de modo distinto la «Yolanda» de Pablo Milanés… Ese olor a tulipanes en catorce de febrero, tenía, ahora, un sinsabor, un tuf...