jueves, 28 de agosto de 2025

Tacna

Tacna hoy está de fiesta. Se pone su chachá dominguero y nos regala una estampa llena de peruanidad. Conmemora su cautiverio y celebra su vuelta al seno del Perú. Y el mérito es suyo. Solo suyo. Suyo y de sus mujeres.

El tratado de Ancón, firmado por Perú y Chile, a poco tiempo de la guerra del Pacífico, obligaba a que Tacna y Arica se sujetaran a la administración chilena por el periodo de diez años. Los calendarios empezaron a correr en 1884... Y los chilenos jugaban de local: la idea era que, al final, en el último pitazo, la elección ciudadana prefiriera mantenerse bajo la soberanía chilena. Arica no pudo sujetarse, Tacna, en cambio, resistió hasta, prácticamente, obligar a los chilenos a abandonar ese pedazo de Perú.
Las mujeres volvieron a jugar a favor nuestro, aun cuando la cancha estaba inclinada hacia el sur. Eran ellas las que les inculcaban a los hijos a amar a una patria distante, las que se negaron a relacionarse con los jóvenes chilenos para no procrear nuevas gentes que pudieran confundir su nacionalidad. A la hora del "Padre nuestro" y también con el rosario de la aurora, un sentido "Viva el Perú" se rezaba calladito como corolario de una identidad que se resistía a morir.
Las hostilidades y hostigamientos no fueron pocos por parte de las autoridades chilenas, pero las valientes actuaciones de algunas que regalaban clases gratuitas de historia del Perú, que izaban las banderas en las fachadas de sus casas, que gritaban a media noche sin que se pudiera saber sus nombres: "Viva Tacna, viva el Perú", hicieron que la peruanidad cavara sus mejores raíces y motivara a algunas mujeres embarazadas, hacer un largo peregrinaje -a burro o a caballo- hacia el norte, con el afán de hacer nacer a sus hijos en alguna municipalidad peruana y, luego volver a escondidas, para regalarle -junto con la leche materna- el cariño a este país.
La sociedad de auxilios mutuos de la mujer tacneña se convirtió en la obra pía y patriótica más importante. Muchos varones habían muerto en la guerra: las viudas y huérfanas eran más y, requerían soporte material y espiritual. Era necesario hacerles saber que su dolor de pérdida les exigía más: ¿Sabes que ellas prefirieron ser maestras y tutoras de sus propios hijos antes que enviarlos a escuelas cuyo profesores eran chilenos? Algunas maestras peruanas se negaron a cerrar las poquitas escuelas que quedaban y hasta se enfrentaron a las autoridades políticas para asegurar que el curso de historia del Perú no se sacara de la currícula? ¿Te imaginas a los niños jugando a que eran Bolognesi o Ugarte? ¿O que se ufanaban de ser parientes de algún héroe desconocido?
Arengas, dichos, refranes, coplas populares se han perdido, pero queda claro, que la tarea de las mujeres -las madrinas de los huérfanos- al incentivarles a silenciosos "Viva el Perú" o recordarle el sacrificio de tantos que murieron, no hicieron más que señalarles el camino de vuelta, la vía de tránsito para que hoy todos nos sintamos tacneños.
Viva Tacna, Viva el Perú.

No hay comentarios:

Compasión

Caminábamos esa tarde. Después de años, había encontrado un espacio en el que hablar de justicia, de derechos humanos, de leyes y de Constit...