miércoles, 31 de diciembre de 2025

Nerón III

La primera persecución grave contra los judíos mesianistas seguidores de Jeshua fue ordenada por Nerón. Sin embargo, hacia el año 50 ya había enfrentamientos entre los judíos y los judíos de "El camino". Así se les llamaba, como se lee en Hch. 9, 2 y 19, 9, y era una forma de distinguirse del –digamos- judaísmo ortodoxo… si es que pudiera reconocerse alguno, desde el hecho de que en los tiempos de Jeshua se reconocía fariseos, saduceos, esenios y zelotes. Incluso los samaritanos tenía una forma especial de judaísmo propio, con sus propios libros sagrados y apartados de Jerusalén. El movimiento del nazareno vino a llamarse más o menos de ese modo: “el camino”, por referencia a su creencia mesiánica en el crucificado y en la esperanza –pronta- de su resurrección para la reconstitución de la nación escogida de Dios. El asunto era que, pocos estaban en la disponibilidad de creer que en las reuniones del “primer día de la semana” se conmemoraba la victoria de un mesías muerto en la cruz, acusado de sedición; que uno en sí mismo fuera templo de Dios por fuera del de Jerusalén y que se estuviera –como en la visión de Pedro- en la disponibilidad de comer alimentos impuros en contra de los mandatos de la Torá. Yavéh, Moisés y el Templo son indiscutibles para el judaísmo y, la blasfemia era causa de muerte. La muerte de Esteban, narrada en Hechos de los Apóstoles, es una clarísima expresión de que el conflicto religioso de los seguidores de Jesús era un conflicto “a la interna del judaísmo”. Si Esteban murió hacia el año 36, a pocos meses de la ascensión del Señor al cielo, queda claro que los conflictos y persecuciones, en realidad, empiezan dentro del propio judaísmo, en una clara expresión de disonancia en las formas de practicar el propio judaísmo.

Y aquí viene el asunto. ¿Por qué Nerón ordenó solo la persecución a los “chrestianos”? Es altamente probable que el judaísmo jerosolimitano o las autoridades romanas en Judea hayan presentado informes sobre este nuevo “judaísmo” y, es razonable pensar que hasta se les pusiera peros para su ingreso a las mismas sinagogas… Los judíos, en general, no eran pepitas de oro sino ¿Por qué cada vez que había alguna festividad en Jerusalén inmediatamente enviaban contingentes de soldados para vigilar el templo desde la torre Antonia? Las persecuciones dirigidas por Pablo de Tarso exponen las graves diferencias y el rechazo de la secta jeshua-mesiánica. Establecida la diferencia, queda explicado lo que Tácito anuncia como abominaciones de los seguidores de Cristo y, que –además- son la justificación específica de la persecución ordenada por Nerón. Si los jeshúa-mesiánicos son rechazados por las mayorías judías ¿Quién va a reclamar por ellos? Regresemos a Nerón ¿Qué ocurrió luego de su muerte? Suetonio cuenta que ante la noticia de haber sido declarado enemigo público por el Senado de Roma, y tras darle cuenta que le darían muerte pública a punta de golpes con varas, el mismo ordena cavar una fosa para su enterramiento, al tiempo que una pira –la leña ya estaba acomodada- daría cuenta de su cuerpo. Su secretario Epafrodito le ayudó a cortarse el cuello. El historiador no es claro en señalar si fue enterrado de cuerpo entero o si fue cremado, pues aunque que su personal de confianza le aseguró que no se llevarían su cabeza, luego se señala que “sus cenizas fueron depositadas en la tumba familiar de los Domicios”.

Su muerte fue celebrada en Roma, pero también hay que reconocer que tenía sus seguidores: “durante mucho tiempo decoraron su tumba con flores de primavera y verano” y, había quienes lo imitaban en el vestido y las formas de decir, con la promesa de que “pronto regresaría para destruir a sus enemigos”. Los judíos y los seguidores de Jeshúa, como bien se comprende, se quedaron en el primer grupo, en el de aquellos que se alegraron de su muerte, o cuando menos, anunciaban su muerte como un castigo divino. Además, con harta probabilidad, empezaron a crear la leyenda negra: Nerón es el anticristo y volverá para traer la destrucción. La idea se repite en el Apocalipsis, en la Ascensión de Isaías y llega al siglo IV como lo indica Agustín de Hipona. En la voz de Lactancio, autor de este siglo, desde el modo de decir pareciera indicar que su cuerpo fue sacado de la tumba y, probablemente, la noticia haya sido parte de la leyenda; esa que se fue incrementando hasta llegar a reconocer que la mentada tumba era un espacio de nigrománticos y magos obscuros, interesados en conocer el futuro o conseguir alguna venganza personal. El control de las almas por a través de magia prohibida está vedado en el cristianismo; empero ello no implica que no pudiera realizarse y, de hecho, los animales negros, como los gatos y/o los cuervos se ligaban a dichas prácticas. Los testigos presentes en el exorcismo del nogal de la tumba de Nerón, cuentan que en la primavera de 1099, el papa Pascual II –inspirado por una aparición mariana- ordenó días de ayuno para los fieles de la iglesia romana y, en el amanecer de tercer día se dispuso a enfrentarse al maligno que se escondía en dicho árbol, por lo que luego de realizar un ritual de exorcismo, golpeó con su báculo la raíz del nogal, produciéndose en ese momento un estruendo del que todos dicen, parecía las roturas de las cadenas de las almas torturadas por el antiguo anticristo perseguidor de cristianos. Se ordenó buscar los restos del maligno emperador, luego la molienda de sus huesos y, finalmente, el esparcimiento de tales restos en lugares desconocidos para evitar la repetición de cultos y ceremonias sacrílegas. El espacio fue ofrecido a la Santa Madre de Dios y, hoy se erige –como ya hemos contado- una basílica que lleva su nombre.

Hay quienes dicen que, antes de su destrucción, el nogal era visitado por el Papa nigromante, antecesor del mencionado Pascual II, probablemente interesado en conocimientos arcanos, descubrimiento de protocolos esotéricos y comparación de sus prácticas de magia celta. Tal vez, la intención era comparar el contenido de su propio grimorio con los de aquellos otros que en las noches oscuras hacían diagramas en formas circulares para guiar sus propios rituales. El asunto, lamentablemente, no pasa más allá de la leyenda y de esas aquellas cosas que se cuentan en los peregrinajes turísticos europeos. Habrá que preguntárselo a la cabeza parlante del papa Silvestre II, una vez que sea encontrada o que, el Vaticano permita el acceso a ella, si es que se mantuviera escondida en las bóvedas papales.


martes, 30 de diciembre de 2025

Nerón II

Sobre el incendio de Roma ocurrido en el 64, Tácito cuenta que no se conoce la causa, mas, la clase política empezó a mirar a Nerón como el causante y, este –antes de que los efectos de esas turbias miradas ennegrecieran su futuro, le tiró la pelota a los cristianos. Empezó la primera de las más graves persecuciones contra los judíos jeshua-mesiánicos. En realidad, los cristianos –que empiezan a llamarse así en los inicios de la década del 70- no eran bien vistos en la sociedad romana de los inicios de la segunda mitad del primer siglo. La causa de esta aversión se presume: hay quienes sostienen que los cristianos se hacían odiar por su elección de no participar en las festividades a los múltiples dioses romanos y por sus críticas a los emperadores (que también se hacían llamar dioses); empero hay quienes afirman –y me adhiero a la posición- de qué en realidad, el problema de los cristianos era un problema judío.

Roma reconocía el culto sabático propio de los herederos de Abraham; empero no se hacía problemas en expulsarlos si es que provocaban disturbios y; pareciera que los judíos jeshua-mesiánicos –que a ese tiempo tenía calidad de secta- no eran aceptados dado que, la fórmula de El Galileo como ungido no necesariamente coincidía con la idea judía de mesías triunfante. Sumémosle el hecho de que se reunían el primer día de la semana, dies solis, y que al tal Jeshua le llamaban “Señor”. Las trifulcas en las sinagogas, de seguro, parecerían los desencuentros entre barristas de equipos de futbol contrarios previos al certamen deportivo. Las autoridades romanas no se harían problemas: los mandaban de vuelta a Judea o a donde menos problemas causen. De hecho, en Hechos de los Apóstoles, Pablo cuenta haber conocido a Aquila y Priscila en Corinto, quienes fueron expulsados de Roma por el emperador Claudio.

Bueno regresemos con Nerón. Nerón fue sucesor de Claudio y, al tiempo del incendio de Roma encontró en los judíos jeshua-mesianicos la perita en la que embadurnar los deseos insanos de la sociedad romana. Todo aquél que se proclamara “Chrestiano” era aprehendido y sometido a juicio. Y era fácil encontrarlos porque “en horas de la noche del primer día de la semana” se reunían para conmemorar el sacrificio de la cruz. Suetonio afirma que se les acusaba de perversas supersticiones, haciendo probable relación de que se reunían para comer la carne y la sangre de tal Chrestus. Una afirmación así ¿no es acaso un indicio de canibalismo? Las muertes de los perseguidos no eran menos graves que aquello de lo que se les acusaba: morían a dentelladas por cánidos entrenados para matar, crucificados en postes y quemados como luminarias nocturnas. Algunos de estos espectáculos se realizaban en medio de fiestas, juegos circenses y parafernalias en favor de las altas clases. Se simulaban carreras de caballos y, terminaban en comilonas alumbradas por teas humanas. Tácito reclama: “se tenía la impresión de que no se los eliminaba por motivo de pública utilidad, sino para satisfacer la crueldad de uno solo”. La crueldad de Nerón empezó a difundirse entre los judíos, incluyendo -con razón- a los jeshua-mesiánicos. Y allí empieza la leyenda. ¿Cuántas mamás les dijeron a sus proles: “Come porque allí viene Nerón y te lleva”? Bueno, si no me creen recuerden el libro de Revelaciones: el número de la bestia, el 666, equivale, en gematría, al nombre “Neron Caesar”.

Pese a sus intentos de mantener su popularidad, Nerón dispuso una serie de medidas que no fueron del agrado del Senado y, éste lo declaró “enemigo público” obligándolo a huir. El hombre se suicida con la ayuda de uno de sus fieles para evitar su captura. Su cuerpo fue, primero escondido y, luego, calcinado, para finalmente, enterrarlo en la tumba familiar de los Domicios Enobarbi, cerca del Campo de Marte. Las pompas fúnebres fueron en secreto, para evitar que sus enemigos quisieran profanar la tumba y, de hecho, hubo alguna investigación destinada a conocer la ubicación de su sepultura. A voces calladas se esparcía la noticia y, algunos años después, dada su afamada figura de “inhumanidad”, su tumba se convirtió en destino de aquellos que se dedican a la nigromancia, magia y la hechicería. Las leyendas prontamente se erigieron para anunciar que el espacio de su sepultura era un foco de actividad demoniaca, de visiones paranormales, de presencias de ultratumba… En realidad, había algo más que eso: en las provincias orientales no se creía que hubiera muerto y, de hecho, se ha documentado de la existencia de hasta tres pseudo-nerones, que se presentaban en circos y teatros para declamar poesía o enumerar los logros de su “propio” gobierno. Quienes no conocieron a los falsos nerones estaban en la posición de anunciar “que volvería a la vida” para recuperar lo que era suyo. Como podemos ver, Nerón tenía muy fuertes enemigos, pero también seguidores muy fieles. Esta historia se mantuvo hasta el siglo IV, al punto que Agustín de Hipona en su libro “La ciudad de Dios” la enuncia como una creencia arraigada, en la que se espera su resurrección como anticristo o que “vive oculto en el vigor de la misma edad que alcanzó cuando se creía que había perecido, y vivirá hasta que sea revelado a su debido tiempo y restaurado a su reino”.

La leyenda de Nerón se mantuvo “viva” hasta el año 1099. La edad media, como comprenderán le agregó elementos que hacía más espectral su leyenda. De hecho, se ha documentado que cerca al mausoleo familiar donde se guardaban sus restos había un nogal y, más de un testigo sin nombre, afirma que sobre sus ramas se posaban sombras espectrales mientras que hechiceros realizaban sus liturgias alrededor del mausoleo. En tiempos de producción de nueces, los arrendajos y los cuervos se pelean con las ardillas por algunos frutos y, en medio del pleito de la naturaleza, el papa Pascual II decide meterle hacha al dichoso nogal, eleva unas cuantas oraciones exorcizadoras y decide quemar la tumba. Las cenizas fueron lanzadas al rio Tiber. Y todo, por la reveladora aparición de la mamá del Jeshúa.

Hoy, en el lugar, se erige la Basílica de Santa María del Popolo. Así que, si te toca ir por ese monumento ten cuidado. Nerón Caesar anda cerca.

viernes, 26 de diciembre de 2025

Domingo

Los días de la semana tienen nombres de deidades de la mitología greco-romana. El lunes viene dedicado a la diosa Lunae, la luna; el que le sigue le es propio para el dios Marte; los comerciantes y viajeros le dedicaban el miércoles a Mercurio, su deidad patrocinadora; el jueves era para Júpiter. Venus había ganado los días viernes y, el sábado era denominado dies saturni; mientras que el séptimo día era el dies solis: el día del Sol. En realidad, el día solar era el primero de la semana. Tal organización ordinal expone la relevancia de la divinidad solar en medio de la hornada de divinidades tardías de los romanos de los tiempos primeros de esta era.

El sol y la luna tienen relevancia en culturas agrícolas. Ambos cuerpos celestes influyen en el crecimiento y producción de los frutos de la tierra. De allí su relevancia en la Roma antigua. De hecho, se le reconoce en el viejo panteón de los sabinos y de los latinos, pueblos originarios del río Tiber. El asunto es ¿y porque el domingo se llama "dies Dominicus", dígase "dia del señor" y no "sol", siguiendo la etimología de los otros nombres de los días? Por algún lado, los evangelios cuentan que la resurrección de Cristo se efectuó el primer día de la semana, es decir el día del sol. Ellos, los de camino, la secta judía jeshua-mesianica, introdujeron un nuevo nominativo para el primer día de la semana, hasta que, se generalizó en los tiempos -probablemente- Constantino, cuando el cristianismo se había encumbrado como una religión distinta de la judía. Ignacio de Antioquía, hacia el 110, escribía "Si los que se habían criado en el antiguo orden de cosas vinieron a una nueva esperanza, no guardando ya el sábado, sino viviendo según el día del Señor (Domingo), día en el que surgió nuestra vida por medio de él y de su muerte."

Lo que seguía era ¿Y porque nuestro dios no tiene un día especial dentro del calendario? El día 25 de diciembre era fecha de solemnidad en el sacerdocio del dios sol. En los inicios de nuestra era, en los años doscientos, la deidad -por influencia oriental- había tomado el nombre de Sol Invicto, y en diciembre se celebraba su nacimiento: Nativitas Solis Invicti. Los cristianos se preguntaban ¿Es un dios el sol? ¿No es que acaso Cristo es el verdadero sol que ha bajado de lo alto? Después del siglo IV, el día del sol era el día del Señor y, el 25 diciembre correspondía a su natalicio: " Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz". 

Zacarías es, ahora, profeta de una festividad no pensada en su judía humanidad.

martes, 21 de octubre de 2025

Victoria

Un enorme cartel aparece en la iglesia de San Juan Bautista. Señala que los predios en los que se asienta el colegio Champagnat (vecino de la iglesia) son propiedad del Arzobispado de Arequipa. En letras que el sol ha decolorado se lee: “No se deje sorprender”. A pesar de la palidez, el mensaje destaca por su contenido. Expone un litigio entre el ordinario del lugar y la congregación religiosa que regenta la institución educativa. ¿Será que los maristas pretenden vender el inmueble? ¿Es una forma velada de desacreditar la educación que ofrecen? ¡Quién sabe! La única certeza es que el hijo de De la Salle se enfrenta con los herederos de Marcelino Champagnat.

El chisme nos ganó, y le dimos la vuelta a la cuadra para tener una idea del valor del litigio. Entre esas callecitas caímos en cuenta de que el sol arequipeño quema como el de Piura... de modo distinto, pero igual de justificado para invocar la sed. Un letrero anunciaba un restaurante. Nos metimos, y la sencillez de sus ornamentos nos invitó a mirar el reloj... ¡Qué “mirabus” ni qué nada! Los platos anunciados en forma de fotografías nos recordaron que faltaba poco para la hora del almuerzo. Una cerveza arequipeña —fría, al menos— fue el hidratante que puso fin a la sed, el aperitivo que abría espacio para alguno de los platos ofrecidos en la carta.

Luego de varios “De tin marín de do pingüé”, creímos que el hambre moriría en manos de un costillar de cerdo y... pues sí. Corresponde reconocer que nos habíamos adelantado a varios comensales, y tuvimos la ocasión de ser atendidos por una mujer —entrada en años, ataviada con ropas blancas y un sombrero de ala ancha—. Le pedimos una cerveza arequipeña, y luego nos explicó la composición de los distintos platos. Los años dan experiencia, y se notaba que sabía de lo que hablaba. Al escuchar que nuestra elección fue el costillar, sonrió y sentenció: “No se va a arrepentir”, y se metió por entre una reja que daba a la cocina del restaurante.

Ese breve tiempo nos permitió regocijarnos con una estampa arequipeña pintada al óleo. También tuvimos oportunidad de ver una gigantografía que se esconde detrás de un mostrador rojo ocre, donde se aprecian vasijas gigantes acomodadas en la amplitud de una bodega que parece de vinos. En otras fotografías aparece la mujer que nos atiende —quizá con algunos años menos— jugueteando con la masa de los picarones, mientras unos comensales sonríen junto a ella. La mujer regresó para indicarnos que nuestro plato estaba a punto... que le diéramos un “tiempito”. Aprovechamos para preguntarle, solo por curiosidad, si ella era “Victoria Anco”, y haciendo un ademán con la mano para mostrarse a sí misma, replicó: “Así es. Desde hace más de sesenta y... años”. Con una sonrisa se negó a decirnos su edad. “Hago picarones desde que era muchachita”, y nos señaló las fotos donde aparece un sartén con picarones doraditos, de crujiente apariencia... una botella de miel está a un costadito. Le agradecimos por su arte, mientras uno de sus colaboradores se acercaba trayendo los platos solicitados. En realidad, eran dos: las costillas de cerdo y una ocopa arequipeña. Al ver nuestra cara de hambre, sonrió diciendo: “No tenga miedo de coger con la mano... Los cartílagos siempre son una delicia”. Sus pasos lentos la alejaron, y nosotros nos entregamos a la tarea de no dejar nada en los platos.

Las torrejas de papa se escondían bajo un manto de crema. El verde del huacatay se conjugaba con el amarillo de los ajíes, mientras que los sabores de ambos se fundían con la sapidez del maní molido. Un corte sagital revelaba un huevo sancochado partido en dos, mientras el choclo peleaba —en lo que podía— con las rodajas de papa por revolcarse en la crema de la ocopa. No les dimos tregua ni pie a discusión. Nos deleitamos con ese plato.

Las costillas de cerdo fueron una delicia distinta. La carne estaba perfectamente cocida, la piel del chancho molida entre los dientes provocaba crujidos que liberaban sabores que no requerían acompañamiento... pero sí, los había. Las papas grilladas, en conjunción con los jugos naturales de la carne, eran una canción de Dios... de cualquiera de las divinidades, de cualquier cielo. Esas cebollas finamente logradas y remojadas en jugo de limón con pimienta hicieron coro a dos voces, y nosotros solo gozamos del placer entero en nuestra boca. El frío de la cerveza nos pedía a gritos: “Yo también quiero”.

Doña Victoria se acercó: “¿Todo bien?”. Una frase hecha para la ocasión... ella era testigo de lo bien que la estábamos pasando. No quisimos ni hablar para no contaminar con aire los sabores de la carne, y nos limitamos a levantar el pulgar, mientras con la otra mano hacíamos señal de que esperara. En un lado del mostrador se leía las presentaciones de los buñuelos. En la tercera línea decía: “Buñuelos de lacayote”, y preguntamos para tener una idea. Nos explicó: “Es una especie de zapallo”, y se quedó pensando para  añadir: “Es una calabaza nativa de por acá”. Le agradecimos por la explicación ampliada a sus picarones de quinua y de maíz morado.

Nosotros ya no dábamos más. Apenas para otra cerveza y un vaso de chicha de jora a base de maíz morado. Su gentileza fue más. Cuando estábamos a punto de despedirnos, apareció doña Victoria con un plato: “Ustedes no se pueden ir sin el postre”. Cuatro buñuelos de distintos sabores fueron el punto final de nuestra glotonería. Nos faltaba boca para relamer la miel que se quedaba entre los dedos.

Al salir, nos despedimos como si nos conociéramos de toda la vida... Vida resumida en un par de platos de comida, muy bien preparados, que ameritan repetición. Nos fuimos caminando por las calles de Yanahuara, para reacomodar nuestros cuerpos a la realidad. Tanta beldad no puede durar para siempre... No obstante, nuestra curiosidad —que empezó como chisme por pleitos entre tonsurados— nos valió nuevos sabores que vinieron bien para conocer la culinaria del sur del país.

En el Perú se come bien por donde vayas. ¡Manos benditas las de Dñ Victoria!

sábado, 18 de octubre de 2025

Illapa

Era mediodía, pero el día parecía más avanzado. El reloj marcaba la una y algunos minutos, aunque mi reloj biológico insistía en que ya era más tarde. En la iglesia, una banda de músicos ofrecía un concierto de bienvenida a una pareja de recién casados. Un cura encabezaba la ceremonia. El silencio solemne del ritual vencía la luminosidad del día, y varios preferimos refugiarnos bajo las sombras de los árboles en la plaza de armas contigua.

Los músicos hacían sonar sus instrumentos sin ton ni son. A mi lado, en una banca de madera apoyada contra el barandal que protegía las áreas verdes, se sentaba un hombre mayor, sin intención de acompañarme. “¿Usted es foráneo? No parece de por aquí”, dijo, mientras su mirada recorría mis ropas de costeño entrometido en tierras ajenas.  A un lado, un grupo de doce muchachos risueños, entre risas y toqueteos, ensayaba el "wititi".

La tarde brillaba con intensidad. El hombre, tras desaprobar en silencio los juegos de los jóvenes, murmuró: “Mejor se pusieran a sembrar papas o a mejorar las terrazas”, y añadió unas palabras en quechua que sonaron como reproche. Luego me habló de la desidia de los jóvenes hacia el cultivo, de las más de cinco mil hectáreas abandonadas en los últimos cinco años, y de cómo la calidad de las papas se ha ido perdiendo. “Tanto que hicieron los antiguos... tantas variedades... y ahora se van a perder. La gente moza prefiere la ciudad”, concluyó con pesar, mientras su mirada se perdía en los cerros de la margen derecha. “Illapa se va a molestar”, dijo.

“No creo que llueva”, pensé para mis adentros. Él, en cambio, continuaba con su reprensión: “Illapa se esconde en los cerros”. Sobre la cadena montañosa se tejía una nube oscura. Le pregunté si eso que se veía era lluvia. “Es Illapa... Nada que Santiago Matamoros. Ese hombre montado en caballo con arcabuz no es más que Illapa”. El cielo, en ese momento, retumbó. Los rayos aparecieron como flashes de cámara fotográfica. Y así, durante varios minutos.

Los músicos se pusieron en forma. Mi acompañante se levantó y me despidió con una sentencia: “Si quiere llegar a Chivay, empiece ahora a correr. La lluvia no demora”. Luego se dirigió a la puerta lateral de la iglesia para acompañar a los recién casados. Recuerdo sus palabras: “Nada de derrumbes. Illapa cuida la tierra, siempre la cuida. Bendita sea la Mamapacha”.

Diez minutos después, el cielo se sacudía entre truenos y rayos. El agua caía en forma de granizo. Mis pensamientos se dirigieron a la sabiduría de los viejos y a la naturaleza trepidante. O quizá era yo el tembloroso, con tantos truenos y lluvias amenazantes sobre mi cabeza.

Mi alma apocada apenas alcanzó a susurrar: “Que Illapa nos cuide”.

jueves, 28 de agosto de 2025

Tacna

Tacna hoy está de fiesta. Se pone su chachá dominguero y nos regala una estampa llena de peruanidad. Conmemora su cautiverio y celebra su vuelta al seno del Perú. Y el mérito es suyo. Solo suyo. Suyo y de sus mujeres.

El tratado de Ancón, firmado por Perú y Chile, a poco tiempo de la guerra del Pacífico, obligaba a que Tacna y Arica se sujetaran a la administración chilena por el periodo de diez años. Los calendarios empezaron a correr en 1884... Y los chilenos jugaban de local: la idea era que, al final, en el último pitazo, la elección ciudadana prefiriera mantenerse bajo la soberanía chilena. Arica no pudo sujetarse, Tacna, en cambio, resistió hasta, prácticamente, obligar a los chilenos a abandonar ese pedazo de Perú.
Las mujeres volvieron a jugar a favor nuestro, aun cuando la cancha estaba inclinada hacia el sur. Eran ellas las que les inculcaban a los hijos a amar a una patria distante, las que se negaron a relacionarse con los jóvenes chilenos para no procrear nuevas gentes que pudieran confundir su nacionalidad. A la hora del "Padre nuestro" y también con el rosario de la aurora, un sentido "Viva el Perú" se rezaba calladito como corolario de una identidad que se resistía a morir.
Las hostilidades y hostigamientos no fueron pocos por parte de las autoridades chilenas, pero las valientes actuaciones de algunas que regalaban clases gratuitas de historia del Perú, que izaban las banderas en las fachadas de sus casas, que gritaban a media noche sin que se pudiera saber sus nombres: "Viva Tacna, viva el Perú", hicieron que la peruanidad cavara sus mejores raíces y motivara a algunas mujeres embarazadas, hacer un largo peregrinaje -a burro o a caballo- hacia el norte, con el afán de hacer nacer a sus hijos en alguna municipalidad peruana y, luego volver a escondidas, para regalarle -junto con la leche materna- el cariño a este país.
La sociedad de auxilios mutuos de la mujer tacneña se convirtió en la obra pía y patriótica más importante. Muchos varones habían muerto en la guerra: las viudas y huérfanas eran más y, requerían soporte material y espiritual. Era necesario hacerles saber que su dolor de pérdida les exigía más: ¿Sabes que ellas prefirieron ser maestras y tutoras de sus propios hijos antes que enviarlos a escuelas cuyo profesores eran chilenos? Algunas maestras peruanas se negaron a cerrar las poquitas escuelas que quedaban y hasta se enfrentaron a las autoridades políticas para asegurar que el curso de historia del Perú no se sacara de la currícula? ¿Te imaginas a los niños jugando a que eran Bolognesi o Ugarte? ¿O que se ufanaban de ser parientes de algún héroe desconocido?
Arengas, dichos, refranes, coplas populares se han perdido, pero queda claro, que la tarea de las mujeres -las madrinas de los huérfanos- al incentivarles a silenciosos "Viva el Perú" o recordarle el sacrificio de tantos que murieron, no hicieron más que señalarles el camino de vuelta, la vía de tránsito para que hoy todos nos sintamos tacneños.
Viva Tacna, Viva el Perú.

miércoles, 27 de agosto de 2025

Suspicacias

 “Papá ¿Has leído «El Extranjero»? Me preguntó confundida Sofía. Y, a modo de referencia, indicó: “Es una historia extraña. El protagonista no parece normal. O, en todo caso, no tiene la «normalidad» que todos esperamos”. El Extranjero, ahora lo sé, es una obra ubicada en el cubículo del existencialismo filosófico, como explicación del sentido de la vida humana. Según Camus, el autor de la obra, el sentido de la vida no viene de una fuente exterior. A contrario, expone que la vida, en sí misma, no tiene sentido. Y si alguno hubiera, es el ser humano el que imprime una finalidad a sus acciones, es quien le ofrece un propósito a su propia existencia. Sin ese propósito, la vida es la expresión más cara del absurdo.

Sofía continuó ofreciéndome preguntas, como si yo tuviera todas las respuestas. “¿Y por qué, papá, el tal Meursault hace como si la muerte de su madre fuera una cosa sin importancia?” Ella misma, ofrecía respuestas a modo de preguntas “¿Será que hay personas que son insensibles ante la muerte? ¿Ante la muerte de sus propios seres queridos?”. Y seguíamos conversando sobre el particular, sobre el modo como parece vivir su propia vida el personaje principal. Finalmente, llegamos a aquello en la que la incomodidad tocó carne: ¿Los jueces aplican así la justicia? ¿Sin sensibilidad? Y es que, en el relato, el autor, expone al protagonista como un sujeto carente de emociones, que expone sus respuestas de buena fe, pero de forma tan apática, con flemático cariz, que finalmente, cierra el paso a la empatía de los otros, en especial del juzgador. De hecho, a modo de recriminación el juez –en el momento de sus elucubraciones previas a la decisión, o probablemente, en la búsqueda de razones para decidir- extrajo de un armario un crucifijo con el que recriminaba al procesado. Dejemos que el propio protagonista nos lo cuente “Extrajo (…) un crucifijo de plata que blandió volviendo hacia mí. Y con voz enteramente cambiada, casi trémula, gritó: «¿Conoce usted a Este?» Dije: «Sí, naturalmente.» Entonces me dijo muy de prisa y de un modo apasionado que él creía en Dios y que estaba convencido de que ningún hombre era tan culpable como para que Dios no lo perdonase, pero que para eso era necesario que el hombre, por su arrepentimiento, se volviese como un niño cuya alma está vacía y dispuesta a aceptarlo todo”. Luego de que, el acusado dijese que no creía en Dios y, de la recriminación universal, el juez concluyó: «Nunca he visto un alma tan endurecida como la suya. Los criminales que han comparecido delante de mí han llorado siempre ante esta imagen del dolor.»

El problema que se narra en El Extranjero, está más allá de los formularios de la justicia. En realidad, se expone las distintas formas con las que se manifiesta la condición humana: un imputado que parece no importarle su propia realidad, testigos que enmudecen ante el hieratismo de la justicia, mujeres que lloran a modo de convencimiento, funcionarios de la justicia que la revisten de sus propias creencias, testigos que no saben decir lo que saben y… jueces que juzgan con la medida de sus experiencias. Esa tarde conversamos sobre el que hacer de la justicia, pero al final fue insuficiente. Ella concluyó: “No sé porque lo condenaron… O siendo benevolente, no sé porque su pena fue tan drástica”. Y remató, casi en el crepúsculo vespertino: “Me quedo con la pregunta de su abogado: ¿se le acusa de haber enterrado a su madre o de haber matado a un hombre?”.

Yo solo me encogí de hombros. La justicia, a veces, parece irracional. Otras veces, no tanto.

miércoles, 13 de agosto de 2025

Nocturnidad

No sentía las piernas. Habíamos caminado de puro gusto, en medio de proyecciones luminosas y computadoras intentando entender el mundo, pretendiendo saber de qué estábamos hechos. 
Y caminamos más. Ahora por obligación. Nos préstamos a la necesidad de subir en una nave espacial que nos llevó a las montañas y, vimos el mar oscurecer y la ciudad iluminarse. Y volvimos a imaginar el mar, allí donde las luces se apagaban.
Bailamos con una cerveza en la mano y, corrimos a la cola de comprar el pan, a la de volver a casa.
Sentí miedo cuando una voz dejó unas notas que se escribían en letras: "yo aquí me separo". El miedo me apresó. "Uy. ¿Y si te acompañamos?". Una distinta: "ella no nos quiera ahora. Jajaja... Si va a regresar". Esa sonrisa de malicia me volvió a la calma. Y nos despedimos en una mesa que tenía dos sillas de más. 
Y caminé. Caminábamos... Yo, pensando en Eurídice me vi tentado a regresar para atrás. El mismo miedo me abordó. "Ella puede", me dije.
La voz de mi otra mano, en forma serena y con una sonrisa, me volvió a la caminata "¿Vamos bien papá?". Y caminamos hasta hartarnos de la calle, hasta la conciencia de la nocturnidad, hasta el dolor de nuestros pies. Y decidimos volver a casa para una taza de café.
El toctoc de la puerta me hizo sentir el alma... La mia propia.

domingo, 10 de agosto de 2025

Trascendencia

La trascendencia es el negocio de las religiones. Cada una dice saber que va a pasar después de la muerte. El cristianismo nos ofrece la resurreccion en la carne después del juicio final que será efectuado en la segunda venida de Cristo. Los hijos de la Santa Madre Iglesia aseguran la resurrección, aunque nadie puede hacer una descripción de ella misma. Cada vez crece con fuerza la idea que no se trata de una "vuelta a la vida" en la materialidad carnal en la que vivimos.

En la edad media, el juicio a los disidentes, herejes y heterodoxos tenía como finalidad asegurar la fidelidad del Credo de los Apóstoles y el olvido de los anatema. El "anatema seas" es una maldición. Si la herejía quedaba confirmada, entonces la hoguera era el medio de purificación del alma. En las creencias populares, era una forma de evitar la resurrección después de la muerte. ¿Como es posible la resurrección si es que ya no existe cuerpo?

En el otro extremo ¿Era posible juzgar a los muertos? Si Cristo ofrecía venir a juzgar a vivos y a muertos ¿Como es que su Vicario no podría hacer lo mismo? El pretendido poder sobre la muerte se materializa de distintas formas. Ya he contado que el papa Esteban VI, a un año de la muerte de su antecesor, el Papa Formoso, lo hizo exhumar y lo sujetó a un proceso canónico... ¿El delito? Usurpación de la tiara papal. El derecho instrumentalizado por las consignas politicas. Politico-religiosas para ser precisos. La idea que estaba detrás era desaparecerlo, incluso de la historia.

El asunto no queda allí. Los herejes y excomulgados estaban condenados a la errancia como mejor posibilidad. El infierno les esperaba con las puertas abiertas. Los suicidas, estaban condenados a la desesperación perpetua y los criminales notorios, incapaces de perdón, eran a su vez, sujetos de condenación. El mismo destino para judíos y musulmanes. La fe de las gentes del pueblo posibilitaban argumentos ¿Vale la pena tener a un judio en el cielo? La respuesta era un "no" enérgico. La consecuencia, por tanto, era procurarles una muerte bajo las llamas. Las llamas eran la solución para todo mal. Corolario de Mt 16, 19.

Ahora te cuento otra historia. John Wyclife fue un sacerdote y teólogo del s. XV que cuestionó varios asuntos del catolicismo. Murió de muerte natural pero sus enseñanzas fueron condenadas por el Concilio de Constanza. El asunto es que sus discípulos se desperdigaron. La idea mejor para exponer su expulsión de la catolicidad fue sacar sus restos del campo santo de donde se encontraban para escarnio público. El mensaje era "así terminan los que desafían a la Iglesia". No se consiguió lo esperado. Su cuerpo fue separado de un campo santo eclesiástico pero su memoria aún se mantiene en la historia de la intelectualidad.

Los cementerios siguen siendo un asunto tabú. No sólo es un tema de salubridad pública, son también "aseguramiento de lo que tu fe promete". ¿Porque crees que los catolicisimos "Parques del Recuerdo" señalan: "La institución católica Parque del Recuerdo promueve el anuncio de la esperanza de la Resurrección" y siempre el concepto de "perpetuidad" aparece por todos lados? 
Ya contaremos la disputa sobreviviente a la disolución del Sodalicio de Vida Cristiana.

viernes, 30 de mayo de 2025

Miedo

Su agenda no tenía espacios... Cada año compraba en el pasaje de la calle Lima, -que está cerca a la sede de justicia- una agenda portafolio... Le gustan aquellas de empastado negro. En ella guarda sus quehaceres diarios. Desde las notas para sus clases universitarias hasta las líneas estructurales de sus argumentos ante los tribunales. Cada folio es un amasijo de cosas… citas jurídicas, ideas sobrevinientes, quehaceres domésticos, sumatorias de cuentas de quien sabe que cosas, libros por leer, pasajes bíblicos… mil cosas.
Lamentaba, cada vez, que muchas hojas de su agenda, de los días venideros, estuvieran a medio llenar y con cosas programadas a más de un mes… La razón fundamental de los vacíos -esos a los que les tenía fobia- era que “los jueces y los secretarios son ociosos… siempre patean para adelante las audiencias…” Se quejaba de dejar vanos para reacomodar su propia agenda... "¿Cómo es que tengo que depender de la vida de otros?", se preguntaba con tono de aflicción.
Sin perjuicio, en algunas de las páginas, puede leerse en algunos días cosas como “viene del día tal, del mes cual”. Y hace referencia a la necesidad de reacomodar sus actividades solo porque en un día específico y en una hora dada, donde se anota -por ejemplo- dar un paseo vespertino o visitar a menganito. Esta acción se modifica por el hecho de que recibió una retrasada notificación indicándole -para ese día y momento- una audiencia judicial. Se alegraba porque al fin tendría la audiencia que tanto se había demorado… se agriaba, porque… porque le modificaba una actividad que probablemente nunca haría… Su molestia, en realidad, era con la vida. No tenía amigos. En el edificio donde funciona su estudio, se ubican otros tantos y, en los pasillos siempre se saludan con deferencia, casi con afecto amical... A ella sin embargo, no pasaban del "doctora", con una levantada de de cejas, como mejor saludo. Es más, desde las puertas abiertas siempre podía ver -en momentos de ocio- a los otros abogados (y abogadas) departiendo risueñamente... Ella nunca estaría allí. No tenían afanes de invitarla. Era... algo como un "mala vibra" colectiva. A nadie le había hecho nada, pero todos la evitaban con denuedo. Cae mal... como esos chapuzones vespertinos inesperados, que te encuentran en la calle y sin nada con que cobijarse.
Su agenda, siempre iba bajo el brazo... o en su cartera. De encontrarla, podría verificarse que no tenía nombre ni datos de identificación. "Es mía, personal, yo la porto; por tanto no necesita que escriba mi nombre por que sé como me llamo", habría dicho alguna vez, como explicación, cuando regresó a una tienda de regalos luego de haberla olvidado. Conviene decir que, los folios de su agenda siempre dejaban un margen en los laterales de cada cara, para marcar -cada bendito día del año; en cada noche, antes de dormir, la cosas que efectivamente se cumplían y, aquellas otras que no. Al final, en la esquina inferior de cada folio, ponía una “p” o una “n”… positivo o negativo, según las sumas de “vistos” o de las “aspas” de cada actividad. Cuando los resaltadores se hicieron comunes, el verde era su preferido… resaltaba, fundamentalmente, las actividades logradas. En su mesita de noche, había un contenedor de vidrio -que en otros tiempos lo fue de café instantáneo- con tres o cuatro, para evitar su falta. Sin embargo, también odiaba al “puto” marcador: exponía la gran cantidad de tareas que realizaba al día, sin importar el involucramiento de otras personas para esos afanes… "Si en el mundo solo viviera yo... sería feliz".
Vivía en el mundo... para hacer la vida difícil a los otros. El asunto es fácil de explicar: Sentía un malestar en las encías… Llamaba al consultorio del odontólogo para una cita. Si la secretaria -o quien hiciera sus veces- dijera: “Sra. Gilaura… la agenda está llena. Le programo para mañana en la primera hora de la tarde ¿le parece?”. Fingía dolor, multiplicando su malestar por mil y haría lo imposible para que su atención se realice en el día. Si hubiera necesidad de llamar al mejor amigo del odontólogo para que lo convenza de una atención adicional, no dudaría de hacerlo… En una de tantas, llegó a la biblioteca municipal tres minutos antes de cerrar y, ante la cara de cansancio de quien atiende, ponía su mejor carita, una angelical, para “revisar el libro tal por tres minutos… En lo que vas acomodando tu escritorio, apagando la computadora y revisando tu monedero, te aseguro que termino…”. Se le dio pase solo porque sabían que no dejaría de insistir. Claro, "el Luis", el señor encargado de la limpieza, tenía una consigna: bajar la palanca de la electricidad. Y así fue… allí se acabó esa visita. Su compulsividad por hacer las cosas que ella misma programaba, era más que sus edulcoradas y falseadas formas de pedir la contribución de otros en sus asuntos personales. Le importaba poco los demás.... importaba que se cumpliera sus programaciones diarias.
Su agenda tenía vida propia y, ella era esclava de ésta. ¿Qué hoja será la que no tenga un renglón sin escribir? Si, quizá los sábados, pero ni tanto. Eran los días dedicados a la enseñanza universitaria y, al menos, algún diagrama había en la que diseñaba lo que sus alumnos tendrían que padecer… Eso, por las mañanas. Las tardes, tenían con rojo, una escritura que decía, “dormir” y, copaba dos líneas. El segundo y cuarto sábado del mes, en vez de "dormir", indicaba: "lavandería". Luego, habría una visita a las amigas, algún encuentro cinéfilo, ir de compras, o limpiar las hojas de sus plantas de maceta. La libreta de apuntes diaria no recogía los plañidos que suponía expresiones semejantes a “para que me comprometí…pero ya. Hay que cumplir”, o “Si yo cuido mis plantas, porque se les secan las hojas…” La mujer era de mil cosas, sin importar la importancia que merecieran… Tenía miedo al ocio… salvo cuando era horario de labores… Un alumno: “nos pone a leer separatas y nos remite a discusiones bizantinas, solo para quedarse pegada a su celular mirando videos… digo… porque suele reírse”. En el horario de labores, el miedo al ocio, el horror al vacío, se iba por un tacho…
En fin… toda su vida era un abanico de cosas actuadas y por hacer. La retahíla de agendas que se acumulan en el fondo del ultimo cajón de su escritorio es testigo colectivo de aquello que no le podía ocultar a la almohada cada noche: “¿Qué pasaría si Dios me encontrara sin hacer nada? La vida hay que vivirla sin desperdiciar ni un minuto. Cualquier vaciedad es una afrenta al amor infinito de Dios. Que la muerte no me encuentre dormida” y luego recitaba de memoria un pedazo del salmo 23: "Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento". Era su TOC.
El miedo al vacío llenaba su vida... Toc, toc, toc.
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lunes, 17 de febrero de 2025

Gratitud

El hambre era más. La tarde aún alumbraba, amenazaba con desaparecer pero el cansancio y la necesidad de su alivio exigían atención. Una garúa fina llenaba de agua el parabrisas y la plumilla de cuando en cuando se activaba. El destino, en cada vuelta de rueda, se hacía más cercano... El cansancio era la piedra del zapato.

A la vera del camino, una casa. Una de esa de amplia anchura, de factura propia de las casas serranas. Ofrecía sus puertas de par en par. Una lucecita invitó al aparcamiento. El motor de la camioneta se apagó y, los ruteros dejaron ver sus siluetas en el quicio de la puerta de doble hoja. Varias mesas ofrecían su espacio para el acomodo propio de los comensales.

Una mujer se arrellanaba en una de ellas. Junto a ella una muchacha joven, que parecía ser su hija. Ambas ofrecieron una bienvenida calurosa... "Tomen asiento... Un café, una trucha frita..." Se asombraron de las cortas vestimentas de la costa en una geografía que hacía sentir frío. Un frío muy fresco que apuraba al calor de sus propias chalinas. "Vienen de la costa... Y sin parar", dijo la de más edad.Tomó el pedido y se adentró. Las brasas del fogón se atizaron.

La muchacha invitó a la conversación... "¿Vienen de Lima?". "Del norte, de Piura", fue la respuesta. Y luego vino un "aaaahhh su paseo es largo... Andan lejos de su sitio ¿Van para Ayacucho? La respuesta no llegó porque la mujer mayor se acercó para asegurar la presa que le gustaría a los comensales para su caldo de gallina "¿Pierna, entre pierna o pecho?" Y luego "¿Le gusta con fideos bien cocidos o al dente?" Y para evitar el desgano de la posible demora, remató: "Ya está todo,  ahhh. El fideo lo echamos y al toque se cocina". Y se volvió a esconder.

Apareció unos minutos después con un humeante caldo de gallina que llegaba al filo mismo del plato que lo contenía. Un huevo aún en su cascarón se cocinaba en medio de la densidad del caldo de papas, fideos y carne de gallina criolla. La muchacha alcanzó un plato que contenía cancha... Había sido elegida en preferencia del mote. "Los piuranos acompañan sus ceviches con cancha....por eso el gusto que le tienen" dijo a modo de explicación al ver nuestros gestos de agrado frente a ella.

Y mientras tomábamos el caldo a sorbos, la conversación no paraba. Hablamos de la ubicación específica:  caserío Saracoto, km 93, sector Muchik,  y nos indicó que pertenece a Haytarâ, que pertenece a Huancavelica. La muchacha refinó: "Así que uds ya están en Huaytarâ, aunque no hayan llegado a la ciudad misma. Ya les falta poco... Unos veinte minutos". La mamá, en cambio, se congraciaba con la fruición con la que tomabamos su apreciado potaje. En medio de la.conversación nos hizo saber que su nombre era María Huarcaya Páucar y que siempre había vivido en estas geografías serranas. Nos hizo saber que la mujer mayor, una que bajaba lentamente las escaleras, era su madre. Hasta nos regaló algunos secretitos de su caldo de gallina.... "Aquí estamos para ofrecerle a los caminantes, traileros, turistas, nuestros mejores sabores".

Nos regocigamos con un café humeante y luego de yapear algunos soles, nos volvimos a subir en nuestras ruedas para continuar nuestra ruta... Agradecidos, ahora, con doña María Huarcaya, que con un caldo de gallina mató el cansancio y el hambre de un par de ruteros que jamás imaginaron que a las cinco de la tarde de un verano algo lluvioso de cualquier año, pasarían, en pocas horas, del sol de Pisco al frío huancavelicano.

Si un día están por Saracoto de Huaytará, camino de Ayacucho, no olviden tomar un apetitoso caldo de gallina en el restaurant "Mary". "Vayan despacio, que ya les falta poco" fue su consejo final. 

El camino nos regalaría una escena de terror.


viernes, 31 de enero de 2025

Dolor

La justicia norteamericana, en 19 de abril de 1995, condenó al ciudadano Samuel Brownridge por el delito de asesinato en segundo grado de Darryl Adams, y le impone pena de entre 25 años y cadena perpetua. Cuatro años después, en diciembre de 1999, una corte de apelaciones de New York, confirmó la condena.

Tres años después, otro ciudadano es arrestado y, con el afán de colaborar con la justicia para conseguir beneficios relacionados con la pena, contó detalles del asesinato en el que Samuel Brownridge había sido condenado. Fundamentalmente, indicó los nombres de los participantes del mismo y detalló que Samuel Brownridge no era parte de los coautores del hecho, pero reconocía que se parecía mucho a otro fulano –debidamente identificado- que fue el real autor del disparo. Esta particular circunstancia motivó la revisión del caso de Samuel.

En buena cuenta, se requirió de la declaración de los otros malhechores que efectivamente participaron del hecho de muerte, incluso de aquel que presuntamente habría sido el autor del disparo. Lamentablemente, éste murió en un enfrentamiento policial antes de su participación en el juicio y, otro testigo –también participe del asalto- no se presentó a la audiencia; con lo que, Samuel B. tenía pocas posibilidades de salir bien librado. Sin perjuicio, la defensa encontró la oportunidad de revisar la investigación preliminar y se advirtieron graves defectos en la misma: por ejemplo, que los reconocimientos de persona en fotografía no incluían al condenado, que la ubicación espacial de testigo principal respecto del lugar del asalto y muerte de Darryl A. no tenía ángulo de visión suficiente y, con ello la revisión de la decisión se hizo posible.

Veinticinco años después de la condena, sufrida en un centro de reclusión estatal, el Ministerio Público reconoció ante un juez que, efectivamente la carcelería de Samuel Brownridge era un error del sistema de justicia y, correspondía la anulación de su condena. En la audiencia, la fiscal Melinda Katz, declaró: “Este es un día profundamente conmovedor para el señor Brownridge. Después de décadas de proclamar su inocencia, este hombre que cumplió 25 años de prisión por un delito que no cometió, finalmente se verá libre de este error judicial”; el juez Joseph Zayas, por su lado, dijo: “El Tribunal… coincide con las partes en que Brownridge ha cumplido con la pesada carga de demostrar su inocencia fáctica” y agregó: “Y, lo que es más grave, ha demostrado que desde el principio de este caso, casi todos los miembros del sistema de justicia penal que participaron en este asunto le fallaron de una forma u otra, lo que dio lugar a un grave error judicial”. Samuel Brownridge con palabras entrecortadas argüía: “Para muchos de ustedes, esto puede parecer una victoria, pero ahora que estoy aquí, ante ustedes, no puedo evitar ver la pérdida”. Lloraba, no solo de alegría, sino también lamentando que su madre no estuviera allí, para alegrarse con él…. Probablemente, este fue el momento más emotivo e hizo que el juez también llorara sumándose a su tristeza. El juez Sayas, finalmente, dijo: “Se supone que los jueces no deben llorar”, mientras se secaba las lágrimas.

La importancia de... una buena investigación preliminar.

Compasión

Caminábamos esa tarde. Después de años, había encontrado un espacio en el que hablar de justicia, de derechos humanos, de leyes y de Constit...