jueves, 26 de mayo de 2022

Leviatán

En el Libro de Enoc, se tiene una muy gráfica descripción de un suceso que aún no es: "Y en ese día se separarán dos monstruos, una hembra llamada Leviatán, que mora en el abismo sobre donde manan las aguas, y un macho llamado Behemot, y ocupa con sus pechos un desierto inmenso llamado Dandain". En esos espacios fueron desterrados desde los días primordiales.

No hay nada explícito en el Génesis, pero escudriñando otras historias hebreas se puede descubrir que aún antes que tierra alcanzará su forma actual, todo era abismo, agua, caos. Elohim se encargó de separar las aguas del cielo de las de la tierra; las aguas dulces fueron apartadas de las marinas y las superficiales se diferenciaron de las subterráneas. Las superficiales se arrinconaron hacia un lado para dar posibilidad a la tierra firme. El agua fue violentada por la mano de Elohim y el espíritu que la protegía fue refundido en las profundidades.

El Leviatán, forma terrorífica del espíritu del mar yace en el mismo; escondido, acongojado, subyugado por la mano de Elohim; sin embargo se reconoce su fiereza: "Con sus estornudos enciende lumbre, sus ojos son como los párpados del alba. De su boca salen hachones de fuego; centellas de fuego proceden. De sus narices sale humo, como de una olla o caldero que hierve. Su aliento enciende los carbones, y de su boca salen llamas".

Si tan fiero es ¿No será que la historia de Jonás es otra peleita más de Yaveh y las divinidades marinas? El primero se ufana de tenerlas como mascotas; más, reconoce -al menos de Levitan- que es cruel, levantisco, feroz. ¿Que hacía Yaveh en los dominios de Leviatán? 

Jonas huía de las exigencia del dueño del mundo: se le había ordenado ir a Nínive pero aquel había preferido tomar el camino opuesto y eso encendió la alarmas del mandante, que al encontrarlo en un barco armó alboroto. ¿No será que la ballena es el gran Leviatán que libró al profeta de una muerte segura en medio de la tempestad mostrada por el dictador Yaveh?

En realidad, no tiene caso que la solución a la tempestad (que provoca tantos problemas a la embarcación) haya sido lanzar al desobediente al mar. ¿O cual sería el objeto de lanzarlo? De hecho de que es altamente probable que muriera ahogado en alta mar, asunto que fue evitado por el espíritu marino que prefirió guardárselo en su seno para luego dejarlo en una geografía segura. O quizá no fue una pelea, sino que efectivamente Leviatán es la mascota de Yavé y se vio forzado a cumplir sus órdenes.

Sea como fuere, Leviatán está allí, en las profundidades marinas, se anuncia como el juguete de Dios y que ya tiene escrito su destino: morirá a filo de espada en los tiempos del juicio final. Así queda escrito en el texto de Enoc y se repite en el libro de Job. Sin perjuicio, no podemos omitir que hay quienes lo han demonizado y lo ponen al mismo nivel de Belzebú o de Lucifer... Pero esa ya es otra historia.

Descansamos, por ahora de mitologias, pero me asalta una pregunta: ¿Será que nuestros oceanos esconden divinidades antiguas? Yo me quedo con Tiamat

miércoles, 25 de mayo de 2022

Rahab

El mundo está lleno de divinidades. Los hebreos solo reconocen una… pareciera. La realidad es otra: hubo libros anteriores a la Tanaj, en los que no sólo se narran historias del diario vivir, sino también los cuentos, mitos y leyendas relativos a la formación del mundo y a la aparición del hombre… cosmogonías en general y, de las que aparece muy disimulados rezagos en el libro más vendido del mundo. La historia de Lilith, la primera esposa de Adán, por ejemplo, que –finalmente- se convirtió en maléfica representación de erotismo de las muchachas; el dios guerrero Yaveh, que dirige ejércitos y levanta su brazo fuerte protector tiene –en los mitos- unas formas femeninas, oficialmente no reconocidas: Yaveh tomó forma de yegua en celo para atraer a los nobles jumentos de los egipcios y dirigirlos hacía las profundidades del mar rojo; mientras que los siete brazos de la Menorá son clara referencia a los siete planetas que en la cultura babilónica se reconocían como divinidades.

En el Genesis, allí donde dice “caos”, “abismo”, “aguas” se esconde el reconocimiento de sus divinidades. El agua es… Tehom, Leviatán o Rahab. A ella hay que enfrentar, en primer lugar y, vencida: la guerra reemplaza a la fertilidad y con ella se desplaza al matriarcado de los primeros tiempos de nuestra historia. Rahab es el mar, el mar embravecido, soberbio, insolente. Afirmase que, en los días primordiales se enfrentó a Elohim y se mostró desobediente, al punto que encolerizado éste, lo mató a patadas… pero, el mar sigue allí, así que, algunos menos crédulos, reconocen la existencia actual de Rahab, exponiendo como parte de su historia la de su intervención en el conflicto entre Moises y los ejércitos egipcios. Los seguidores de Rahab ofrecieron colaboración a Tehom, cuando se encontraron las fuerzas de la naturaleza en las orillas del Mar rojo. Perdió la batalla, pero se llevó hacia las profundidades marinas el llamado Libro de Raziel, uno que se escribió en los tiempos de Adán y que contenía los secretos más oscuros de los días primeros.

Aún cuando Rahab tiene forma de serpiente acuática; la serpiente no siempre tuvo carga de malignidad. De hecho, las culturas primeras la tienen como representación del renacer espiritual. En la cultura hebrea misma, al tiempo que vagaban por el desierto, las serpientes era parte de su hábitat y, por temor, miedo o reverencia, la deificaron: “Esculpe una venenosa y elévala en un asta de bandera. Si cualquiera que sea mordido la mira, recobrará la salud”. Así empezó la adoración de la serpiente de cobre, y tenía por nombre Nehustán, cuyo patrocinio se efectuaba en el templo mismo de Jerusalén ¿O es que acaso esa serpiente era una cara –la cara de la salud o del bienestar corporal-  del mismo Yavéh? Es también representación misma del dios único: La vara de Moisés ¿Por qué tendría que convertirse en serpiente ante los ojos de la corte enemiga si no es para exponer su poder? Es más, expone su capacidad de someter al otro haciéndolo igual a él mismo. Las varas de los sacerdotes egipcios, a pesar de ellos, también se hacer serpientes en representación de aquel, al que quieren negar.

Rajab es una serpiente marina, expone el caos primitivo figurado en la forma de mar tormentoso: una forma de dominarlo es obligándolo a dar espacio para que la tierra brote desde la separación de las aguas, pero también es símbolo de aquello que supone inundación. Egipto es poéticamente comparado con tal divinidad, solo como una forma de exponer o su arrogancia o anunciar las frecuencias en que es inundado por el Nilo… pero sea como fuera, Rahab es, fundamentalmente, el mar, ahora furioso, irascible, encabritado… En cualquiera de sus formas, habrá que verle el lado positivo. Por algún lugar leí una muy seria recomendación: “sea astutos como las serpientes y cándidos como las palomas”, que no es otras forma de decir: “mantengan los pies en la tierra, pero vuelen alto”… Rahab, el mar iracundo, por ahora descansa. 

La tranquilidad del mar es un paisaje inmejorable.

lunes, 23 de mayo de 2022

Tehom

¿Qué es el “caos”? En el libro Bereschit, aparece un relato de la creación en el que se reconoce que el abismo y las aguas primordiales fueron antes de que Dios pusiera orden en la vacuidad e insubtancialidad de lo existente. Y se precisa, como reconocimiento de relevancia que “el espíritu de Elohim estaba por encima de las aguas”. La divinidad acuosa, por tanto, estaba allí y luchó contra las intenciones de Eloim. ¿Su nombre? Tehom.

Tehom es el nombre hebreo de Tiamat, la diosa de las aguas saladas de los tiempos sumerios. La diosa le hizo la pelea a Elohim, al punto que tuvo la oportunidad de revertir sus derrotas cuando regeneró las aguas sobre la superficie de la tierra en los tiempos de Noe: “En el año seiscientos de la vida de Noé, en el segundo mes, a los diecisiete días del mes, en este día se rompieron todas las fuentes del abismo grande, y las ventanas de los cielos se abrieron”. No obstante, fue la luz la que se encargó de reducir a las aguas saladas hacia un extremo de la esfera terráquea para permitir que porciones de la tierra aseguren la vida futura de lo creado.

Y nuevamente, la divinidad – por ser distinta de Elohim- fue demonizada: se le dio forma de dragón. Tehom fue remitida al Mar Rojo: se le reconoció esa porción de la geografía y se le encargó el cuidado y patrocinio del territorio de los egipcios: la prodigalidad de las tierras de cultivo que se esparcen a lo largo del rio Nilo se explica en la fertilidad de la diosa primordial, la que –por la lluvia- aseguraba limos nutritivos.

La última disputa entre Elohim y Tehom se circunscribe a la huida de los dirigidos por Moises… las fuerzas telúricas se enfrentaron en representación de cada quien: el mar rojo en cuyo seno se escondía Tehom exponía su deferencia por dejar pasar a los hebreos a cuenta de que a los hijos del faraón les sean perdonadas sus vidas; mientras que del otro lado, una nube refulgente, desde la que brotaba haces de luz, que exponía en forma de rayos y relámpagos el poder del dios guerrero, el defensor del pueblo escogido.

Dicen los que vieron esa peleíta, la diosa Tehom no quiso perder sus formas primigenias y por a través de la extensión del mar rojo dejó reposar su majestuosidad a lo largo de sus profundidades… Si bien Elohim se llevó a los esclavos hebreos y le dio muerte a los egipcios; ella sabía que, y eso ya estaba escrito, desde las aguas saladas, desde las aguas subterraneas, desde el océano primordial que la representa, todo lo que fue creado vio la luz. Sólo desde la separación de las aguas universales –a las que se les puso por nombre, mar- la tierra firme pudo ser posible y, desde aquellas, todo lo restante -vegetales y animales- tiene sentido.

Si me preguntas ¿O si Tiamat o si Tehom? Con alguna reserva diré Tiamat, pero sin dudarlo, el mar, allí donde todo empezó… No importa la mitología que prefieras. 

 Ya les contaré la historia de Rahab, otra diosa de esos días.


jueves, 19 de mayo de 2022

Tiamat

Y aunque las historias fundantes de nuestra cultura, nos precisan que al principio no había nada y desde la nada se creó todo, los sumerios -que nos superan en edades- prefieren decir que, el principio del principio fue Apsu y Tiamat. El primero, masculino y representado por las aguas dulces, la segunda, divinidad femenina y tenía forma de agua salada. Desde la conjunción de ambos, fue posible la procreación de todos los dioses y todas las cosas. Solo por la acción paridora de Tiamat, el cielo y la tierra adquirieron nombre y, aparecieron en ésta, los carrizales y los juncos.

Ella es la ordenadora. Si los dioses menores son bullangueros, ella les pone el "estatequieto"; si Apsu se impacienta por la actitud de sus propios hijos, ella pone la calma... Pero no equivoques las cosas, que su pacifismo no sea confundido con conformismo. Tiene su carácter ¿Acaso no has visto el mar embravecido? Tiamat, es la serena calma del mar tranquilo, pero es también el crepitante movimiento de sus olas. Es actividad pura, ondeante movimiento, olas gigantes, serpenteante ajetreo... Es paz y agitación en un solo acto.

Los hebreos que oyeron esas historias y, que prefirieron a Yaveh como deidad unica, negaron a la diosa Tiamat y, la representaron en forma de dragón. La hundieron en las profundidades marinas y la desfiguraron: "Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve", es una elaborada forma de reconocer que el mar existe, pero ahora representa a la maldad, tanta, que el profeta le ofrece la muerte en el final de la historia. ¿No me creen? Allí les va: "En aquel día Yahvé castigará con su espada dura, grande y fuerte al Leviatán, la serpiente veloz, la serpiente enrrollada; y matará al dragón que está en el mar". No son vanas las más trágicas e intimidantes historias de los marineros ¿Cuantos se han encontrado con Tiamat enfuerecida? En cada puerto hay mil historias, en cada etapa de la historia de la humanidad, número semejante.

Tiamat fue pervertida. Murió en esta mitología que nosotros heredamos... Sin embargo, nada quita que hay otras formas de su existencia: Tiamat mantiene su fecundidad y gracia. Aún con conocimiento de las historias marineras de monstruos del mil cabezas y fauces de las que brotan fuego, el mar sigue pariendo peces y alimentando a los hombres que agradecidos le ofrecen flores.

Tiamat sigue siendo diosa ¿Quien no se ha hipnotizado frente a un atardecer cuando el sol se mete por entre las humedades marinas? En el horizonte solo se advierte la calma y la esperanzadora quietud de que la escena se repita en cada crepúsculo. Tiamat es aún la diosa ondeante que se mueve en las olas, en las que los hombres se bañan. ¿Acaso no hay quienes encuentran placer en caminar encaramados en una tabla de surfear sobre sus formas gráciles y ella se deja acariciar gozosamente?

Creo yo, con riesgo de estar dolosamente equivocado, que los sumerios conocían el contenido de una tonada de estos días: "En el mar la vida es más sabrosa; en el mar te quiero mucho más; con el sol, la luna y las estrellas: en el mar todo es felicidad". Bueno, si no la inventaron ellos, ya que más da... El asunto no le quita mérito a la verdad.

Cosas de la mitología.


miércoles, 13 de abril de 2022

Apuro

Era un poco más de las tres de la madrugada. Mis ojos estaban abiertos. El espacio para el insomnio no era el de siempre. Una cama en la habitación 202 de un hotel ubicado en la cuadra 8 del Jr. Rufino Torrico del cercado de Lima, era testigo de ese despertar. No había problema: habría bastado cinco minutos de televisión, para que hypnos se hiciera presente  y volviera arrebujarse por encima de mis párpados.

 

Esa noche, las circunstancias eran distintas. El televisor no era objeto de atención. En mi cabeza dibujaba hechos no vividos aunque pronosticados. Tenía obligación de comparecer para dar cuenta de mis actuaciones como juez en los siete años anteriores ante un organismo estatal de control funcionarial. Me preocupaba la calidad de la información proporcionada. Las tormentosas lluvias de ese año habían generado graves pérdidas de documentación, la comunicación virtual se hacía difícil y, aunque había cumplido con todo, me parecía que había otros documentos de mejor substancia que, lamentablemente, no se pudo presentar. Hacía repaso de las posibles preguntas, de las debilidades de mi trabajo, de las quejas y habeas corpus de las que había sido objeto. Me prefiguraba –como augurio peor- que algún ciudadano de forma anónima pudiera utilizar el mecanismo de la queja para ponerme en difícil situación.


Me preguntaba, además, de los otros juec… Algo sucedió en mi mente: parte del cobertor fue a dar al suelo y, una palabrota rompió el silencio nocturno: “Mierda…". Mis pies tocaron el suelo frio, pero me importó poco, mis manos estaban preocupadas por hallar el interruptor de luz y, una vez logrado, abrí el ropero y saque el maletín con afán: lo abrí precipitadamente y busqué ansiosamente por entre las cosas  que allí se guardaban y, mientras desacomodaba lo poco que había, los “putamadre” se sucedían sin descuido. Miré entre los cajones del ropero, y hasta por debajo de la cama y, otra vez, al maletín. Finalmente, un “carajo” de resignación, acompañó a mi acomodo en un extremo de la cama. El frio limeño no me hacía nada, pero, algo tenía que hacer... El problema estaba en la mesa.


Miré el reloj y aún faltaban minutos para que sean las cuatro. Me pareció una hora inadecuada para cualquier llamada… ¿a quién llamar? Los minutos se hacían eternos y, con el afán de asegurar su pronta continuidad, de vez en cuando, abría la solapa del maletín con el ánimo de asegurarme de que mis ojos no me hubieran mentido, que no era producto de un mal sueño, o… quizá estaba a la espera de algo extraordinario, de la necesidad de una aparición… de la naturaleza que sea necesaria, para que no falte nada, para creer que si había sido diligente. Hice una llamada... una voz somnolienta me contestó del otro lado ¿Qué hora es, amor? Sin responder la pregunta, la retruqué: “Negra, fíjate en mi cajón superior ¿el protector azul de ternos está allí?” Después de muy pocos segundos, se confirmó todo: el terno con el que pretendía presentarme se había quedado en casa.  Mil kilómetros de distancia nos separaban.


La cita estaba pactada para las 9.30 a.m. pero se nos había pedido a todos los entrevistados que nos presentaramos una hora antes. No había tiempo, en consecuencia, de realizar la compra de un chachá nuevo en alguna tienda, que de ordinario abren justo cuando ya debía estar sentado en el auditorio en el que se realizaría la entrevista. A este tiempo, algo más de las 4.00 a.m. poco me importaba lo que me pudieran preguntar en la entrevista. La ropa de viaje era inoportuna: jean, polo camisero; pero en el fondo había un pantalón de vestir de uso diario: no era lo deseado, pero cumpliría su función. Los demás implementos estaban allí, pero faltaba el saco… ¡Un saco, un saco, un saco! Mi memoria hizo recuento de los amigos cercanos, de los primos, de mi hermano. La estatura de éste último no ayudaba como para que un saco suyo fuera útil para la ocasión… Mi primo fulano ¿Y su número? Hasta eso confabulaba en mi contra. No tenía su celular… Eran ya las cinco y no quedó más que llamar a la casa del bendito pariente y, mientras marcaba, me decía: “Que este pendejo esté en su casa... pls, plis, plis” Un ruego que se perdía en el aire. Una voz de mujer contestó: “Si hola… que pasó” y tras atropellar la urgencia, la respuesta fue un descreído: “No. No creo…” Probablemente, la mujer no tenía espacio para procesar la urgencia y, allí quedó el tema. La llamada se cortó con un “saludos para todos”. Quizá ahora, es probable, que no recuerde ni siquiera la llamada.


Faltaba media hora para que sean las seis. Ya era tiempo como para que la gente esté –al menos- jugando con la claridad de sus ventanas. Sin embargo, en Lima esa posibilidad era lerda, en comparación de Piura, donde el sol suele ser más animoso de lo necesario, incluso desde tan tempranas horas del día. Solo quedaba una opción llamar a mi colega. Nos conocíamos del trabajo, pero no eramos amigos, apenas habíamos cruzado palabras en alguna oportunidad, sin embargo era la última alternativa: “Hola. ¿Si? ¿Quién habla?" Luego de la presentación y las demás cortesías y explicaciones, solo quedaba una pregunta, que fue formulada por el interlocutor: “¿Y te quedarán mis sacos? Recuerda que soy más alto que tú…" El silencio de respuesta fue seguido por un resignado: “No tengo otra opción”.


Un taxi apurado se estacionó en inmediaciones del Campo de Marte. El hombre esperaba al pie de la entrada de la torre de apartamentos. Se acercó a la ventanilla y me entregó la vestimenta.  Un “te va a ir bien en la entrevista” fue la despedida.  Unas horas más tarde, el saco negro, bastante largo y un tantito holgado, era causa de risa entre los piuranos que ese día fuimos entrevistados.  La entrevista es pública y, para buena suerte, no se advierte la largueza de la que damos cuenta. Ese día, ese saco fue el David que se enfrentó al Goliat de la desesperanza, de la preocupación, del desasosiego.


Hace unos días se cumplieron cinco años de esa anécdota.

sábado, 9 de abril de 2022

Visita

"Estudia hijito, pa que seas otro"... Era una letanía que mi abuela repetía en cada cierto tiempo, de particular, cuando me veía sentado con libros, cuadernos, lápices... En, probablemente, caras de desánimo, el "estudia muchacho, que te librará de pesares" se convertía en combustible.

Ambas expresiones se hacían difíciles de entender. Al menos para alguien de nueve años. Lo único inteligible era que de estudiar no podía derivarse nada malo. Hay una tercera, una que me gustaba escuchar que ella me la explicará: "más vale perder un minuto en la vida, que la vida en un minuto". Ella intentaba graficarla como con manzanitas y, al final, luego de darse cuenta que no podía entenderla, de aburrimiento, espetaba: "mejor anda juega pelota". Mi cara cambiaba, y ella advertía el truco: "para eso lo haces, so bandido".

Siempre que se cruzaba por mi delante, algo llevaba en la mano: una cuchara de palo, el frasco de queroseno de la cocina, un paño para remendar, la olla de las natillas, una cinta de grecas... Nunca sus manos estaba vacías. Si era algo de comer.. camote, cancha, gofios, o lo que fuera, me ponía un pedacito al lado... Se sonreía y luego con cara de circunstancia, expresaba: "primero termina lo que estás haciendo". Combustible, otra vez.

Una noche, a la luz de un lamparin -de esos de kerosene, mecha y tubo de vidrio- al verme sentado haciendo sumatorias, me preguntó ¿Y eso te servirá pa cuando seas grande? ¿Qué vas a ser de grande? Nunca antes me había preguntado eso con seriedad... Y lo más cerca que se me hubiera ocurrido era ser futbolista. El mundial de España recién había pasado y mi imaginación solo tenía como objeto un esférico de 32 paños. ¿Que vas a ser de grande? Volvió a preguntar. Hasta esos días, creo, nunca había escuchado la palabra "abogado". Ni siquiera lo imaginaba.

¿A que vienes en estos días? Buenas noches abuela. Todo está bien. Descansa... Todo está bien...

martes, 5 de abril de 2022

Edelmira

Era poco más del medio día. La tarde ya: quizá las tres. Esa vieja morena me esperaba y, en son de reproche anotó: "muchacho bandido, tanto te demoras en llegar" y, luego siguió: "deja esa mochila, lávate las manos y siéntate a comer". La distancia al colegio no era tanta, pero para la gavilla de chiquillos juguetones, era suficiente para la demora.

Una tina ya tenía un poco de agua y, en ella lave mis manos con una astilla de jabón y, mientras jugaba haciendo de éste, un carrito de juguete, sus palabras de apuro fueron graves: "apura muchacho, que no tengo todo el día... Tantas cosas que hay que hacer...". Los lados pantalón gris del colegio hicieron de toalla, mientras la mujer con un plato de sopa esperaba al filo de la mesa. Esperó me acercara y, sacó desde el plato hondo un poco de papas y la devolvió a la olla: "mira que te he echado solo un poquito: apura". Y entre que comía y que jugaba, ella hablaba consigo misma, en tanto sus pasos la llevaban de un lado a otro, de la cocina de querosene al lavador de platos y desde este, al fogón que se escondía detrás del comedor del diario... Por allí se iban sus pasos.

Un otro "apura muchacho", se dejó oír; mientras me quitaba el plato del que solo quedaban un poco de fideos. Los cortó con una cuchara, los acomodó y mientras me los dirigía hacia la boca, anunció: "la última". Ahora, con voz de abuela, dijo: "Espera hijito". Giró el cuerpo, jaló una olla pequeña, hizo una cavidad en el arroz que contenía y raspó el concolón, lo sirvió en un plato, y volvió a decir: " es solo un poquito". Le puso encima un huevo frito y un par de maduros cocidos en aceite. Comer, no era para mi algo me hiciera gracia.

Se metió en la cocina y la perdí de vista. Probablemente se fue en busca de inspiración. Regresó y ahora expuso el mejor argumento que de ella pude escuchar: "ay hijito... Ese arroz lo he preparado para ti, el concolón tiene un saborcito especial porque lo he hecho con manteca de chancho y, ese huevo lo acaba de poner la gallina. Se lo he robado a la gallina colorada... Los he preparado para ti". Pegó un suspiro y remató: "solo espero que te guste, porque ahora sólo son tuyos". No necesitó decir nada de los maduritos que mostraban su dulzor y, yo enamorado de esas letras pronunciadas desde la boca de esa negra que en ese momento me cuidaba, rendido ante sus palabras, entendí en ese mismo momento, que no hay nada mejor que el cariño de los abuelos.

Esa escena no se volvió a repetir, o... A lo mejor sí, pero yo solo me acuerdo de la ocurrencia de aquella tarde. No recuerdo que ella, alguna vez, me haya dado un beso o, tal vez una caricia, pero ese arroz a la cubana suple todo... Todo, todo, todo.

Buenas noches, mamá Edelmira.

Yolanda

Esta mañana oí de modo distinto la «Yolanda» de Pablo Milanés… Ese olor a tulipanes en catorce de febrero, tenía, ahora, un sinsabor, un tuf...