lunes, 13 de julio de 2026

Duelo

 

¿Has oído Las Cautivas? Es un vals criollo de pausadísima musicalidad. Es una canción fúnebre en la que el pueblo le canta a las insufribles pérdidas de la Guerra del Pacífico… Evoca el viaje del crucero Lima por puertos chilenos, recogiendo los restos de los combatientes peruanos para devolverlos a la patria. Un asunto que, aun duele pero que esconde una historia jurídica que debe contarse en las aulas universitarias. La canción hace referencia al lamento popular por el retorno al seno de la patria de los restos de Elías Aguirre, Diego Ferré, Miguel Grau, entre otros.

El asunto empezó con la iniciativa de un político piurano, Pablo Seminario. Hizo una propuesta de ley, en la que requería la construcción de un mausoleo nacional y la autorización para gestionar diplomáticamente la entrega de los restos mortales de Miguel Grau. Más tarde, apareció otra figura poco recordada: Carlos Elías, ministro plenipotenciario del Perú en Santiago inicia conversaciones con el canciller del país vecino y, luego de llegar a acuerdos se intercambiaron las notas diplomáticas que exponían los acuerdos.

La guerra entre Perú y Chile había terminado con la suscripción del Tratado de Ancón en octubre de 1883 y, desde aquella vez ya habían arrancado seis calendarios y, justo en las vísperas del décimo aniversario del Combate de Angamos la propuesta fue alcanzada con el aplauso de un buen grupo de parlamentarios. De hecho, la propuesta era muy piuranera: requería la devolución de los restos de Grau; empero, el presidente Avelino Cáceres amplió la propuesta a todos los héroes de la guerra, con el detalle de repatriar a quienes habían combatido en Angamos, Tarapacá, Alto de la Alianza y Arica.

A propósito de ciudades… en el vals Las Cautivas se llora la pérdida de Tacna, Arica y Tarapacá. El cantor muestra su dolor y expone la esperanza del reencuentro. En esos días, en la última década del siglo XIX, Tacna aún estaba bajo dominio chileno y por eso anuncia una despedida: “Adiós Tacna, bella palma; adiós Arica laurel; mi Tarapacá querido, pronto los volveré tener”. La patria canta su dolor y, sabe que, en parte, su esperanza se desvanecía en las letras del Tratado de Ancón, que reconocía a Tarapacá como territorio del país del sur. Definitivamente, el crucero Lima tenía una tarea tristísima: recorrer territorios, que en otro tiempo fueron peruanos para devolver los cuerpos de los nacionales que descansaban en un espacio donde no merecían estar. Quizá esa sea la razón por la que la repatriación conmovió tanto al país. Grau había dicho alguna vez: «Si el Huáscar no regresa, entonces yo tampoco».

Y el derecho aun tiene más que decir. Carlos Elías -ya mencionado- le hacía saber a su par del país sureño que Perú solicitaba los restos de los combatientes nacionales. Se hacía mención de Miguel Grau y de Ladislao Espinar y, a la vez peticionaba las facilidades necesarias. La respuesta chilena llegó el 17 de junio de 1890 y reconocía la misión especial del crucero Lima, ordenaba a las autoridades de Tacna y Tarapacá colaborar con la misión y, exponía el compromiso de Chile de “allanar todas las dificultades que hubieren de presentarse para el fiel cumplimiento de ese patriótico encargo." Y, en la práctica, Chile hizo más: organizó ceremonias oficiales para reconocer los honores militares a los caídos y dispuso acompañamiento naval al crucero peruano es su travesía de regreso al territorio nacional.

El crucero Lima entró lentamente al Callao. Venía acompañado por la Esmeralda, el antiguo adversario convertido, por un instante, en escolta del duelo peruano. Las campanas doblaban. Los balcones estaban cubiertos de crespones negros. Después de once años, la patria abrazaba a sus muertos. Quizá por eso el pueblo terminó cantando aquello que ningún documento diplomático podía expresar: «Si en Lima por mí preguntan, díganles que preso estoy; el que quiera rescatarme, en Santiago de Chile estoy».

Era julio de 1890. Después de once años, el Perú recibía a sus héroes. El derecho había logrado lo que la guerra le había arrebatado a la patria: el regreso de sus muertos y, la memoria colectiva aseguraba en un dolorido canto la juntura del derecho, la historia y la evocación popular.

No hay comentarios:

Duelo

  ¿Has oído Las Cautivas? Es un vals criollo de pausadísima musicalidad. Es una canción fúnebre en la que el pueblo le canta a las insufribl...