miércoles, 31 de diciembre de 2025

Nerón III

La primera persecución grave contra los judíos mesianistas seguidores de Jeshua fue ordenada por Nerón. Sin embargo, hacia el año 50 ya había enfrentamientos entre los judíos y los judíos de "El camino". Así se les llamaba, como se lee en Hch. 9, 2 y 19, 9, y era una forma de distinguirse del –digamos- judaísmo ortodoxo… si es que pudiera reconocerse alguno, desde el hecho de que en los tiempos de Jeshua se reconocía fariseos, saduceos, esenios y zelotes. Incluso los samaritanos tenía una forma especial de judaísmo propio, con sus propios libros sagrados y apartados de Jerusalén. El movimiento del nazareno vino a llamarse más o menos de ese modo: “el camino”, por referencia a su creencia mesiánica en el crucificado y en la esperanza –pronta- de su resurrección para la reconstitución de la nación escogida de Dios. El asunto era que, pocos estaban en la disponibilidad de creer que en las reuniones del “primer día de la semana” se conmemoraba la victoria de un mesías muerto en la cruz, acusado de sedición; que uno en sí mismo fuera templo de Dios por fuera del de Jerusalén y que se estuviera –como en la visión de Pedro- en la disponibilidad de comer alimentos impuros en contra de los mandatos de la Torá. Yavéh, Moisés y el Templo son indiscutibles para el judaísmo y, la blasfemia era causa de muerte. La muerte de Esteban, narrada en Hechos de los Apóstoles, es una clarísima expresión de que el conflicto religioso de los seguidores de Jesús era un conflicto “a la interna del judaísmo”. Si Esteban murió hacia el año 36, a pocos meses de la ascensión del Señor al cielo, queda claro que los conflictos y persecuciones, en realidad, empiezan dentro del propio judaísmo, en una clara expresión de disonancia en las formas de practicar el propio judaísmo.

Y aquí viene el asunto. ¿Por qué Nerón ordenó solo la persecución a los “chrestianos”? Es altamente probable que el judaísmo jerosolimitano o las autoridades romanas en Judea hayan presentado informes sobre este nuevo “judaísmo” y, es razonable pensar que hasta se les pusiera peros para su ingreso a las mismas sinagogas… Los judíos, en general, no eran pepitas de oro sino ¿Por qué cada vez que había alguna festividad en Jerusalén inmediatamente enviaban contingentes de soldados para vigilar el templo desde la torre Antonia? Las persecuciones dirigidas por Pablo de Tarso exponen las graves diferencias y el rechazo de la secta jeshua-mesiánica. Establecida la diferencia, queda explicado lo que Tácito anuncia como abominaciones de los seguidores de Cristo y, que –además- son la justificación específica de la persecución ordenada por Nerón. Si los jeshúa-mesiánicos son rechazados por las mayorías judías ¿Quién va a reclamar por ellos? Regresemos a Nerón ¿Qué ocurrió luego de su muerte? Suetonio cuenta que ante la noticia de haber sido declarado enemigo público por el Senado de Roma, y tras darle cuenta que le darían muerte pública a punta de golpes con varas, el mismo ordena cavar una fosa para su enterramiento, al tiempo que una pira –la leña ya estaba acomodada- daría cuenta de su cuerpo. Su secretario Epafrodito le ayudó a cortarse el cuello. El historiador no es claro en señalar si fue enterrado de cuerpo entero o si fue cremado, pues aunque que su personal de confianza le aseguró que no se llevarían su cabeza, luego se señala que “sus cenizas fueron depositadas en la tumba familiar de los Domicios”.

Su muerte fue celebrada en Roma, pero también hay que reconocer que tenía sus seguidores: “durante mucho tiempo decoraron su tumba con flores de primavera y verano” y, había quienes lo imitaban en el vestido y las formas de decir, con la promesa de que “pronto regresaría para destruir a sus enemigos”. Los judíos y los seguidores de Jeshúa, como bien se comprende, se quedaron en el primer grupo, en el de aquellos que se alegraron de su muerte, o cuando menos, anunciaban su muerte como un castigo divino. Además, con harta probabilidad, empezaron a crear la leyenda negra: Nerón es el anticristo y volverá para traer la destrucción. La idea se repite en el Apocalipsis, en la Ascensión de Isaías y llega al siglo IV como lo indica Agustín de Hipona. En la voz de Lactancio, autor de este siglo, desde el modo de decir pareciera indicar que su cuerpo fue sacado de la tumba y, probablemente, la noticia haya sido parte de la leyenda; esa que se fue incrementando hasta llegar a reconocer que la mentada tumba era un espacio de nigrománticos y magos obscuros, interesados en conocer el futuro o conseguir alguna venganza personal. El control de las almas por a través de magia prohibida está vedado en el cristianismo; empero ello no implica que no pudiera realizarse y, de hecho, los animales negros, como los gatos y/o los cuervos se ligaban a dichas prácticas. Los testigos presentes en el exorcismo del nogal de la tumba de Nerón, cuentan que en la primavera de 1099, el papa Pascual II –inspirado por una aparición mariana- ordenó días de ayuno para los fieles de la iglesia romana y, en el amanecer de tercer día se dispuso a enfrentarse al maligno que se escondía en dicho árbol, por lo que luego de realizar un ritual de exorcismo, golpeó con su báculo la raíz del nogal, produciéndose en ese momento un estruendo del que todos dicen, parecía las roturas de las cadenas de las almas torturadas por el antiguo anticristo perseguidor de cristianos. Se ordenó buscar los restos del maligno emperador, luego la molienda de sus huesos y, finalmente, el esparcimiento de tales restos en lugares desconocidos para evitar la repetición de cultos y ceremonias sacrílegas. El espacio fue ofrecido a la Santa Madre de Dios y, hoy se erige –como ya hemos contado- una basílica que lleva su nombre.

Hay quienes dicen que, antes de su destrucción, el nogal era visitado por el Papa nigromante, antecesor del mencionado Pascual II, probablemente interesado en conocimientos arcanos, descubrimiento de protocolos esotéricos y comparación de sus prácticas de magia celta. Tal vez, la intención era comparar el contenido de su propio grimorio con los de aquellos otros que en las noches oscuras hacían diagramas en formas circulares para guiar sus propios rituales. El asunto, lamentablemente, no pasa más allá de la leyenda y de esas aquellas cosas que se cuentan en los peregrinajes turísticos europeos. Habrá que preguntárselo a la cabeza parlante del papa Silvestre II, una vez que sea encontrada o que, el Vaticano permita el acceso a ella, si es que se mantuviera escondida en las bóvedas papales.


martes, 30 de diciembre de 2025

Nerón II

Sobre el incendio de Roma ocurrido en el 64, Tácito cuenta que no se conoce la causa, mas, la clase política empezó a mirar a Nerón como el causante y, este –antes de que los efectos de esas turbias miradas ennegrecieran su futuro, le tiró la pelota a los cristianos. Empezó la primera de las más graves persecuciones contra los judíos jeshua-mesiánicos. En realidad, los cristianos –que empiezan a llamarse así en los inicios de la década del 70- no eran bien vistos en la sociedad romana de los inicios de la segunda mitad del primer siglo. La causa de esta aversión se presume: hay quienes sostienen que los cristianos se hacían odiar por su elección de no participar en las festividades a los múltiples dioses romanos y por sus críticas a los emperadores (que también se hacían llamar dioses); empero hay quienes afirman –y me adhiero a la posición- de qué en realidad, el problema de los cristianos era un problema judío.

Roma reconocía el culto sabático propio de los herederos de Abraham; empero no se hacía problemas en expulsarlos si es que provocaban disturbios y; pareciera que los judíos jeshua-mesiánicos –que a ese tiempo tenía calidad de secta- no eran aceptados dado que, la fórmula de El Galileo como ungido no necesariamente coincidía con la idea judía de mesías triunfante. Sumémosle el hecho de que se reunían el primer día de la semana, dies solis, y que al tal Jeshua le llamaban “Señor”. Las trifulcas en las sinagogas, de seguro, parecerían los desencuentros entre barristas de equipos de futbol contrarios previos al certamen deportivo. Las autoridades romanas no se harían problemas: los mandaban de vuelta a Judea o a donde menos problemas causen. De hecho, en Hechos de los Apóstoles, Pablo cuenta haber conocido a Aquila y Priscila en Corinto, quienes fueron expulsados de Roma por el emperador Claudio.

Bueno regresemos con Nerón. Nerón fue sucesor de Claudio y, al tiempo del incendio de Roma encontró en los judíos jeshua-mesianicos la perita en la que embadurnar los deseos insanos de la sociedad romana. Todo aquél que se proclamara “Chrestiano” era aprehendido y sometido a juicio. Y era fácil encontrarlos porque “en horas de la noche del primer día de la semana” se reunían para conmemorar el sacrificio de la cruz. Suetonio afirma que se les acusaba de perversas supersticiones, haciendo probable relación de que se reunían para comer la carne y la sangre de tal Chrestus. Una afirmación así ¿no es acaso un indicio de canibalismo? Las muertes de los perseguidos no eran menos graves que aquello de lo que se les acusaba: morían a dentelladas por cánidos entrenados para matar, crucificados en postes y quemados como luminarias nocturnas. Algunos de estos espectáculos se realizaban en medio de fiestas, juegos circenses y parafernalias en favor de las altas clases. Se simulaban carreras de caballos y, terminaban en comilonas alumbradas por teas humanas. Tácito reclama: “se tenía la impresión de que no se los eliminaba por motivo de pública utilidad, sino para satisfacer la crueldad de uno solo”. La crueldad de Nerón empezó a difundirse entre los judíos, incluyendo -con razón- a los jeshua-mesiánicos. Y allí empieza la leyenda. ¿Cuántas mamás les dijeron a sus proles: “Come porque allí viene Nerón y te lleva”? Bueno, si no me creen recuerden el libro de Revelaciones: el número de la bestia, el 666, equivale, en gematría, al nombre “Neron Caesar”.

Pese a sus intentos de mantener su popularidad, Nerón dispuso una serie de medidas que no fueron del agrado del Senado y, éste lo declaró “enemigo público” obligándolo a huir. El hombre se suicida con la ayuda de uno de sus fieles para evitar su captura. Su cuerpo fue, primero escondido y, luego, calcinado, para finalmente, enterrarlo en la tumba familiar de los Domicios Enobarbi, cerca del Campo de Marte. Las pompas fúnebres fueron en secreto, para evitar que sus enemigos quisieran profanar la tumba y, de hecho, hubo alguna investigación destinada a conocer la ubicación de su sepultura. A voces calladas se esparcía la noticia y, algunos años después, dada su afamada figura de “inhumanidad”, su tumba se convirtió en destino de aquellos que se dedican a la nigromancia, magia y la hechicería. Las leyendas prontamente se erigieron para anunciar que el espacio de su sepultura era un foco de actividad demoniaca, de visiones paranormales, de presencias de ultratumba… En realidad, había algo más que eso: en las provincias orientales no se creía que hubiera muerto y, de hecho, se ha documentado de la existencia de hasta tres pseudo-nerones, que se presentaban en circos y teatros para declamar poesía o enumerar los logros de su “propio” gobierno. Quienes no conocieron a los falsos nerones estaban en la posición de anunciar “que volvería a la vida” para recuperar lo que era suyo. Como podemos ver, Nerón tenía muy fuertes enemigos, pero también seguidores muy fieles. Esta historia se mantuvo hasta el siglo IV, al punto que Agustín de Hipona en su libro “La ciudad de Dios” la enuncia como una creencia arraigada, en la que se espera su resurrección como anticristo o que “vive oculto en el vigor de la misma edad que alcanzó cuando se creía que había perecido, y vivirá hasta que sea revelado a su debido tiempo y restaurado a su reino”.

La leyenda de Nerón se mantuvo “viva” hasta el año 1099. La edad media, como comprenderán le agregó elementos que hacía más espectral su leyenda. De hecho, se ha documentado que cerca al mausoleo familiar donde se guardaban sus restos había un nogal y, más de un testigo sin nombre, afirma que sobre sus ramas se posaban sombras espectrales mientras que hechiceros realizaban sus liturgias alrededor del mausoleo. En tiempos de producción de nueces, los arrendajos y los cuervos se pelean con las ardillas por algunos frutos y, en medio del pleito de la naturaleza, el papa Pascual II decide meterle hacha al dichoso nogal, eleva unas cuantas oraciones exorcizadoras y decide quemar la tumba. Las cenizas fueron lanzadas al rio Tiber. Y todo, por la reveladora aparición de la mamá del Jeshúa.

Hoy, en el lugar, se erige la Basílica de Santa María del Popolo. Así que, si te toca ir por ese monumento ten cuidado. Nerón Caesar anda cerca.

viernes, 26 de diciembre de 2025

Domingo

Los días de la semana tienen nombres de deidades de la mitología greco-romana. El lunes viene dedicado a la diosa Lunae, la luna; el que le sigue le es propio para el dios Marte; los comerciantes y viajeros le dedicaban el miércoles a Mercurio, su deidad patrocinadora; el jueves era para Júpiter. Venus había ganado los días viernes y, el sábado era denominado dies saturni; mientras que el séptimo día era el dies solis: el día del Sol. En realidad, el día solar era el primero de la semana. Tal organización ordinal expone la relevancia de la divinidad solar en medio de la hornada de divinidades tardías de los romanos de los tiempos primeros de esta era.

El sol y la luna tienen relevancia en culturas agrícolas. Ambos cuerpos celestes influyen en el crecimiento y producción de los frutos de la tierra. De allí su relevancia en la Roma antigua. De hecho, se le reconoce en el viejo panteón de los sabinos y de los latinos, pueblos originarios del río Tiber. El asunto es ¿y porque el domingo se llama "dies Dominicus", dígase "dia del señor" y no "sol", siguiendo la etimología de los otros nombres de los días? Por algún lado, los evangelios cuentan que la resurrección de Cristo se efectuó el primer día de la semana, es decir el día del sol. Ellos, los de camino, la secta judía jeshua-mesianica, introdujeron un nuevo nominativo para el primer día de la semana, hasta que, se generalizó en los tiempos -probablemente- Constantino, cuando el cristianismo se había encumbrado como una religión distinta de la judía. Ignacio de Antioquía, hacia el 110, escribía "Si los que se habían criado en el antiguo orden de cosas vinieron a una nueva esperanza, no guardando ya el sábado, sino viviendo según el día del Señor (Domingo), día en el que surgió nuestra vida por medio de él y de su muerte."

Lo que seguía era ¿Y porque nuestro dios no tiene un día especial dentro del calendario? El día 25 de diciembre era fecha de solemnidad en el sacerdocio del dios sol. En los inicios de nuestra era, en los años doscientos, la deidad -por influencia oriental- había tomado el nombre de Sol Invicto, y en diciembre se celebraba su nacimiento: Nativitas Solis Invicti. Los cristianos se preguntaban ¿Es un dios el sol? ¿No es que acaso Cristo es el verdadero sol que ha bajado de lo alto? Después del siglo IV, el día del sol era el día del Señor y, el 25 diciembre correspondía a su natalicio: " Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz". 

Zacarías es, ahora, profeta de una festividad no pensada en su judía humanidad.

Compasión

Caminábamos esa tarde. Después de años, había encontrado un espacio en el que hablar de justicia, de derechos humanos, de leyes y de Constit...